La disputa por la Inteligencia Artificial escaló de una competencia entre empresas a una fractura geopolítica directa. Según el último reporte de Boston Consulting Group (BCG), titulado La gran fractura, Washington y Pekín están construyendo intencionalmente ecosistemas tecnológicos incompatibles, eliminando la posibilidad de operar en ambos mercados de forma simultánea.
La división responde a estrategias contrapuestas para asegurar la soberanía tecnológica. Mientras Estados Unidos sostiene su hegemonía mediante la acumulación de capital y talento, China consolida un modelo de adopción masiva a menor costo para impactar directamente en su economía real.
"La IA ya no es algo por lo que los países compiten, sino algo con lo que compiten. Por eso la carrera entre EE.UU. y China dejó de ser tecnológica para volverse geopolítica: Solo EE.UU ya supera los 50 GW en capacidad de centros de datos, más que China y la Unión Europea juntas, y esa infraestructura se ha convertido en una herramienta de poder que obliga a otras potencias a definir su posición”, indicó Julián Herman, Managing Director & Partner de BCG.
Esta duplicidad operativa ya afecta a gigantes corporativos. Apple tuvo que integrar tecnología de Alibaba para desplegar su sistema de IA en territorio chino, mientras que para el resto del planeta utiliza los desarrollos de OpenAI.
El músculo financiero estadounidense se refleja en sus proyecciones de inversión. Desde 2024, la potencia norteamericana selló acuerdos por más de US$ 1,5 billones entre laboratorios y diseñadores de microchips, proyectando un gasto en infraestructura tecnológica de US$ 800.000 millones para 2026.
Por su parte, la firma asiática contrapone eficiencia de costos y volumen. El modelo chino Kimi K2.6 opera a US$ 1,71 por millón de tokens, distancia considerable frente a los US$ 11,25 que exige el sistema GPT-5, lo que permitirá a China procesar más de la mitad de los tokens globales en 2026.
Ante este escenario, la Unión Europea intenta levantar alternativas soberanas con firmas como Mistral, Japón refuerza sus alianzas con EE.UU. e India busca articular un equilibrio dinámico con ambos bloques sin comprometer su infraestructura.