El Niño llega este año nuevamente a desordenar el clima. Ya se observan los primeros indicios de lo que algunos han calificado tempranamente como "El Niño Godzilla", por su posible magnitud. Los monitoreos registran un calentamiento del Océano Pacífico tropical, la vasta región en torno al ecuador. Perturbaciones de viento en el oeste de esta parte del océano ayudan a que un gran volumen de agua cálida se propague hacia la costa sudamericana, lo que a su vez tiene un impacto en la circulación atmosférica. Al permanecer alterado por varios meses, constituye lo que conocemos como "El Niño", o la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS).
Con una alta probabilidad –90%, de acuerdo con la Administración del Océano y la Atmósfera Nacional de Estados Unidos (NOAA)– El Niño podría comenzar en el trimestre junio-agosto y cobrar intensidad de diciembre a enero. Entre otros fenómenos, se espera que aumente la temperatura superficial del mar de las costas de Chile y Perú, una zona habitualmente fría por la corriente de Humboldt y, por lo mismo, rica en nutrientes y biodiversidad. Dependiendo de la región y la época del año, puede haber condiciones más secas o lluvias intensas, con impactos en la pesca y la agricultura.
"El Niño es una alteración tan fuerte del sistema climático, que tiene impactos inmediatos en zonas aledañas al Pacífico tropical, pero también en toda la cuenca del Pacífico y más allá: a nivel global impacta en la temperatura de todo el planeta”, explica en entrevista con DW Martín Jacques, investigador principal del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), de Chile. El climatólogo aclara que, si bien la probabilidad de tener un evento de El Niño en los próximos meses es muy alta, no hay certeza de qué consecuencias traerá, pues hay varios factores que entran en juego. "Eso tiene que ver con la complejidad del sistema climático", afirma.
DW: ¿Cuánta certeza hay de la llegada de El Niño?
Martín Jaqcues: Si bien hay un poco de discrepancia para este trimestre de junio-agosto, que en climatología en el hemisferio sur consideramos el invierno, esperamos que se establezca con mucha certeza en el invierno tardío y la primavera, con más del 90 % de probabilidad. La discusión es más bien cuándo se va a establecer definitivamente. Hay señales de que ya está el calentamiento superficial del Pacífico tropical y la atmósfera está respondiendo a esto, pero se necesita también que haya persistencia de esta situación. Los modelos de la NOAA indican que debería persistir al menos hasta diciembre, enero y febrero, período en que hay prácticamente 100 % de probabilidad de condición de El Niño.
¿Qué podemos esperar en cuanto a intensidad?
Hacia el fin del invierno y la primavera en el hemisferio sur (septiembre a noviembre), se espera con mayor probabilidad que tengamos un Niño moderado o fuerte. Hay una cadena de incertidumbre respecto de si efectivamente los típicos impactos de este fenómeno van a suceder. Depende del calentamiento regional del Pacífico, que esto altere la circulación de la atmósfera y sea persistente en el tiempo por varios trimestres, lo que finalmente puede desencadenar impactos incluso en regiones remotas.
¿Qué zonas podrían ser las más afectadas y cómo?
Los impactos dependen fuertemente de la estación del año y de la región. En la zona de la costa de Ecuador y el norte de Perú, que están situadas directamente frente a este calentamiento oceánico muy fuerte, se espera mucha precipitación y tormentas muy intensas. En Chile, los inviernos y las primaveras en la zona central y centro-sur tienden a ser más lluviosos.
Durante junio-agosto, la costa de Ecuador y Perú, el norte e incluso parte del centro de Chile, así como la costa del centro sur de Brasil, suelen ser cálidas durante El Niño. En el Caribe, en este trimestre las condiciones tienden a ser cálidas y secas, por ejemplo, en el norte de Venezuela y el sur de México. También en Australia, Oceanía, en el sudeste asiático y en India se espera una condición más seca de junio a agosto.
La etapa en que generalmente se siente la mayor intensidad de El Niño es la del cambio de año, en diciembre, enero y febrero, que corresponde a nuestro verano en el hemisferio sur. Por una parte, el altiplano y el sur de Chile tienden a ser secos. Por otra, durante este trimestre (invierno del hemisferio norte) hay un impacto fuerte en el sur de Estados Unidos, que tiende a ser un poco más húmedo y más frío.
¿Se potencian eventos como tormentas y huracanes?
Generalmente los años de El Niño tienden a ser especialmente cálidos a escala global y, si uno superpone este efecto a la tendencia del calentamiento global, son dos fenómenos que aumentan en conjunto la temperatura global significativamente. Como hay mayor vapor de agua disponible, producto del calentamiento en el océano Pacífico, se espera que las tormentas que se alimenten de esta fuente de humedad sean más intensas en el caso de ocurrir. En los sectores tropicales del Pacífico, como en las partes central y este de este océano que se calientan, típicamente hay más energía disponible para que ocurran huracanes y hay mayor frecuencia de estos eventos.
¿Cuánto podría durar El Niño en esta oportunidad?
Si uno revisa evoluciones históricas, su duración es del orden de menos de un año. El evento ahora está surgiendo, se va a desarrollar firmemente hacia el verano y luego decae fuertemente hacia el otoño con el avance del nuevo año. A diferencia de eso, los eventos de La Niña eventualmente pueden ser persistentes, de dos a tres años, como ocurrió entre 2020 y 2022. Esto representa una suerte de oscilación en el clima. El Niño es la fase cálida del ENOS, pero tiene la contraparte de La Niña, que es la fase fría.
¿Se está volviendo más frecuente El Niño?
No se observa eso. El último Niño declarado fue en 2023. El fenómeno de oscilación completo, llamado ENOS, puede suceder cada dos a siete años, es una oscilación bastante irregular.
¿Hay algún vínculo con el cambio climático, que genere mayor afectación y ocurrencia del Niño?
Hay un debate de si el cambio climático de origen humano hará más frecuentes o intensos los eventos de El Niño. En términos generales, los resultados no son completamente concluyentes.
Hay estudios que muestran que, en un planeta que se calienta fuertemente, cuando el cambio climático sea aún más marcado, hacia fines de siglo, los eventos de El Niño podrían ser más intensos y más frecuentes. Pero también he visto estudios recientes que no encuentran esa evidencia.
Recientemente, se está utilizando un índice de monitoreo de la temperatura superficial del mar que da cuenta del calentamiento global. Para que haya un evento de El Niño, se requieren ahora condiciones más exigentes que antes.
Cada vez que se anuncia El Niño hay alarma. Si es un fenómeno cíclico, ¿deberíamos estar preparados?
Entiendo que hay mucha preocupación, sobre todo, en contextos alarmistas como este en que se habla de "El Niño Godzilla". Las personas quieren tener certezas para tomar decisiones, pero hay límites del conocimiento y de la capacidad intrínseca de predecir los fenómenos climáticos, y hay que lidiar con esa incertidumbre.

En el centro-sur de Chile hemos vivido varios eventos de El Niño con impactos de precipitación, aumento de caudales e inundaciones. Una máxima en climatología es que, si algo ha ocurrido, va a volver a ocurrir en algún momento. Y lo que no ha ocurrido y no hemos monitoreado, puede potencialmente ocurrir.
Al menos hay que estar preparados para lo que sabemos que ha sucedido, y esperamos que eventualmente haya tormentas fuertes. Adicionalmente, los pronósticos del tiempo, incluso una semana antes de una potencial tormenta, nos pueden dar un plazo para prepararnos en lo más específico. Hay que considerar esas herramientas de dos escalas: el fenómeno estacional –El Niño– y la información concreta de los pronósticos del tiempo, que han mejorado mucho en las últimas décadas.
¿Se ha hecho América Latina más resiliente ante estos eventos, tanto cíclicos como extremos asociados al cambio climático?
Países como Perú y Ecuador, donde los eventos de El Niño son particularmente relevantes, porque pueden impactar muy fuertemente el Producto Interno Bruto, tienen comisiones permanentes para discutir la evolución de este fenómeno. En Ecuador, también hay un centro regional, el Centro Internacional de Investigación sobre El Fenómeno El Niño Oscilación del Sur, CIIFEN, que lo monitorea y analiza desde la perspectiva latinoamericana.
En Chile, se forman comisiones de instituciones estatales para analizarlo, y hacen lo mismo, por ejemplo, el sector pesquero y el agro. Los distintos entes de Gobierno están atentos. El cambio climático y la variabilidad natural del clima, como la asociada a ENOS, se han ido incorporando fuertemente como variables relevantes en la gobernanza de los territorios, y en las últimas décadas ha mejorado la integración entre la ciencia, los organismos del Estado y el sector privado para la toma de decisiones. Es fundamental que tengamos esta discusión integrada y que estemos gestionando el riesgo asociado a este fenómeno.

¿Es una calificación justificada la de Godzilla?
Mediáticamente esto de "El Niño Godzilla" ha generado sobrerreacciones en algunos sectores, y eso es complejo de manejar. Esta no es una denominación científica. Responde a que en el 2015 también tuvimos un evento de El Niño muy fuerte y se usó ese nombre, pero al final ese año en Chile fue atípico y no mostró los impactos de mayor precipitación en la zona centro y centro-sur. Ahora el nombre resurgió, porque algunos modelos indican que este puede ser muy intenso. La señal de calentamiento se ve más fuerte que en 2023. Poner estos nombres es un tema mediático, pero finalmente no sé si ayuda o perjudica.
¿Aclara poco y más bien produce temor?
En términos sueltos, el nombre perjudica, porque genera mucha ansiedad y si no hay más información que lo complemente puede producir temor e inacción. Si eso va acompañado de un poco más de información, con el mensaje de estar preparados, pero sabiendo manejar la incertidumbre e ir monitoreando, entonces ayuda a generar más prevención y mayor capacidad de resiliencia en los sistemas.