Estado de emergencia en Chile: Santiago vivió una nueva jornada de protestas y enfrentamientos por el alza del precio del metro

Estado de emergencia en Chile: Santiago vivió una nueva jornada de protestas y enfrentamientos por el alza del precio del metro

En medio del estado de emergencia decretado por el presidente Sebastián Piñera la noche del viernes, este sábado recién pasado continúan las protestas en contra del alza del precio del metro. Las movilizaciones han derivado en enfrentamientos con la policía y el ejército en varias partes de la ciudad, mientras las manifestaciones se han extendido a otras regiones del país.

BBC Mundo
20.10.2019

Este sábado se vive una nueva jornada de manifestaciones en Santiago de Chile, donde el presidente Sebastián Piñera declaró el estado de emergencia ante las protestas por el alza en el valor del metro.

Luego de los violentos disturbios ocurridos en la noche del viernes, este sábado los militares patrullan las calles de la capital, mientras los manifestantes, lejos de terminar, han vuelto a la carga y se han extendido a otras regiones del país.

Cerca de la una y media de la tarde, hora local, miembros del ejército se desplegaron en Plaza Italia, el corazón de la capital chilena, mientras carabineros intentaba sin éxito disolver a los manifestantes que desde el mediodía volvieron al centro y retomaron sus protestas a través de un "cacerolazo", haciendo sonar ollas, platillos, pitos y otros objetos.

Circulan camiones de militares armados, ejerciendo las funciones extraordinarias de seguridad que les confirió en medio de la noche el presidente Sebastián Piñera, al declarar el estado de emergencia en los populosos municipios de Maipú y Puente Alto y dos de las seis provincias de la región metropolitana.

bus
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Este sábado se quemaron al menos cinco buses del transporte público.

El despliegue no ha impedido que este sábado se haya vuelto a registrar el incendio de al menos cinco buses del transporte público, barricadas y enfrentamientos.

El ambiente es de marcada volatilidad en algunos puntos, especialmente en las zonas centro y poniente de Santiago, donde desde temprano amplios contingentes de policías resguardan algunas de las 40 estaciones del metro que resultaron con destrozos la noche del viernes.

"Basta de alzas, basta de injusticias, la gente no va a parar hasta que el gobierno no se de cuenta: la luz, el agua, todo está vendido en este país", declaraba en televisión una manifestante en Ñuñoa, una comuna de clase media santiaguina donde cientos de personas comenzaron a reunirse en forma pacífica desde el mediodía.

El sonido de las cacerolas volvió a escucharse este sábado en distintos puntos de la ciudad, acompañado de bocinazos de los autos que circulan en una capital donde los cortes y desvíos de tránsito y el aumento del número de buses que intentan suplir el traslado de los casi 3 millones de pasajeros a los que sirve diariamente el metro de Santiago, que permanece completamente paralizado. La destrucción de semáforos y pórticos de pago en las autopistas ha dificultado aún más los desplazamientos.

estación del metro de Santiago.
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Varias estaciones del metro de Santiago han quedado destrozadas.

La situación es distinta en las comunas de mayores ingresos del país, en el sector oriente de la ciudad, donde grupos aislados y pequeños de Carabineros se mantienen en las cercanías de las estaciones cerradas, pero en general, intactas.

En estos sectores las personas circulan entre las frutas y verduras de los tradicionales mercados de fin de semana y en los centros comerciales, que mantienen sus puertas abiertas en una mañana de apariencia normal, más allá de algunos aislados focos de protesta.

En la incesante cobertura de los canales nacionales, las cámaras capturan y emiten en vivo las renovadas protestas, y el desolador panorama al interior de las instalaciones del metro: torniquetes retorcidos, boleterías calcinadas y escombros donde trabajan desde temprano los equipos de aseo. En las afueras, restos de vidrio cuelgan de los marcos vacíos, y se esparcen sobre la vereda.

Transeúntes, vecinos y curiosos circulan, debaten o se manifiestan frente a los uniformados y en torno a las clausuradas puertas del subterráneo, donde por varios días grupos de estudiantes comenzaron a realizar "evasiones masivas", entrando en tropel y saltando los torniquetes de pago.

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El ejército patrulla las calles con tanques militares.

Las manifestaciones se tornaron la noche del viernes en violentos incidentes que han dejado más de 160 detenidos, doce trabajadores del metro y al menos otras 11 personas heridas y más de un centenar de carabineros lesionados, según la institución.

Consultados por la prensa, en su mayoría rechazan y lamentan la violencia y la destrucción del metro, que representa uno de los orgullos de la ciudad. Algunos miran con incredulidad los destrozos: en estas mismas comunas, la llegada del metro se vivió como una fiesta.

"El gobierno transformó el caos vial en caos social", acusó la mañana del sábado Eric Campos, presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores del metro, quienes, en medio de las "evasiones masivas" expresaron su comprensión con las demandas de los manifestantes, al tiempo que llamaban a evitar la agresiones contra los funcionarios.

La prensa recoge impresiones en distintos puntos: las opiniones se dividen entre quienes creen que se trata de grupos aislados y acciones de vandalismo; y quienes enfatizan el derecho y la necesidad de la manifestación. La gran mayoría plantea un rechazo transversal a la violencia expresada en saqueos, incendios y destrozos.

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Las manifestaciones se tornaron violentas desde la tarde del viernes.

Al mismo tiempo, parece haber cierto consenso en que la protesta responde a una percepción generalizada de abuso en torno a temas que han estado en intenso debate durante el último tiempo en el país: la precariedad del sistema de pensiones, el alto valor de los medicamentos, las anunciadas alzas eléctricas, las reiteradas intoxicaciones en las llamadas "zonas de sacrificio" ambiental, el aumento en las cifras de delincuencia y las preocupaciones en torno a la prolongada sequía, las restricciones al consumo de agua en zonas de amplias plantaciones agrícolas y la persistente desigualdad.

En todo Santiago, los bomberos continúan acuartelados tras sofocar los incendios de la noche del viernes, el más grande de ellos ocurrido en el exterior del edificio de la empresa eléctrica Enel, ubicado en el centro de Santiago.

"El gobierno caricaturizó el malestar social", ha acusado la oposición política reaccionando el día después de las manifestaciones . Acusan a la administración de Piñera de disminuir las subvenciones al transporte público y exigen mayor transparencia respecto a las actas del panel de expertos que analiza el incremento en las tarifas del metro. El excanciller y exembajador de Chile ante Naciones Unidas, Heraldo Muñoz, líder de uno de los partidos de oposición, dice que algunos de los secretarios de estado deberían asumir sus responsabilidades políticas ante la crisis.

protestas chile
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Las manifestaciones han dejado más de 160 detenidos.

"Para alguien que gana más de 6 millones de pesos mensuales (US$8.400), el alza en el pasaje representa apenas un 1% de su ingreso. Para una familia con ingreso en torno a los 300 mil pesos (US$420), representa un 30%", aseveró Muñoz.

Sólo dos días antes de que la intensidad de las protestas lo llevara a invocar el estado de emergencia, el presidente Piñera había declarado en entrevista con Radio Cooperativa que Chile era "un verdadero oasis en medio de una América Latina convulsionada". Su ministro de economía, Juan Andrés Fontaine sostuvo ante el alza del pasaje, que "quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja", aludiendo al menor valor del boleto antes de las 7 de la mañana.

El presidente Piñera ha sido cuestionado también por haber sido fotografiado en una pizzería junto a su familia la misma tarde del viernes, mientras las protestas recrudecían sin que las fuerzas policiales fueran capaces de controlarlas. "El presidente es también padre, esposo y abuelo", lo defendió la vocera del gobierno, en medio de las críticas.

En la nerviosa espera de la noche, y ante un despliegue militar que se va haciendo cada vez mayor y más notorio en la ciudad, Santiago, descrito hace sólo unos días como un "oasis", enfrenta una nueva jornada de incertidumbre.


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