Los volcanes que se esconden en lo profundo de los océanos

Los volcanes que se esconden en lo profundo de los océanos

Los volcanes que yacen en el fondo del mar están en lugares tan remotos, que apenas fueron descubiertos en forma relativamente reciente. Ahora podemos verlos como nunca antes

BBC Mundo
28.08.2016

Melissa Hogenboom BBC Earth

No los vemos en erupción, pero más de la mitad de la corteza terrestre puede ser atribuida a sus dramáticas explosiones.

Puede sonar casi como un acertijo, pero cuando entiendas los hechos la verdad quizás resulte aun más sorprendente.

Los restos de cientos de miles de erupciones submarinas reposan en el fondo del océano.

"Más allá de una comprensión básica, sabemos muy poco sobre esos procesos volcánicos", dice Isobel Yeo del Instituto Helmotz de Investigación Océanica GEOMAR en Kiel, Alemania.

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Lavas acojinadas o almohadilladas como éstas solo se forman cuando la magma es expulsada en el agua. Aquí están cubiertas con un polvo de sedimentos del lecho del mar.

 

A pesar de nuestra ignorancia, se cree que casi el 70% de la corteza terrestre se produce en dorsales oceánicas como la Mesoatlántica. Estos son los lugares donde las placas tectónicas se separan entre sí.

Al hacerlo, puede que el magma haga erupción dentro del espacio, formando una nueva corteza donde anteriormente estaban las placas.

Esos procesos son tan poderosos que forman enormes volcanes, como ocurrió en la erupción del volcán islandés Bardabunga en 2014-15.

De hecho, las dorsales oceánicas forman los más grandes sistemas volcánicos sobre la Tierra. Sin embargo, al estar tan ocultas han permanecido fuera de nuestro alcance.

Eso es algo que Yeo desea cambiar.

"No sabemos mucho sobre la frecuencia y tipo de erupciones volcánicas sobre el lecho marino, ni sobre la estructura detallada de la corteza que producen", apunta.

"Básicamente no sabemos realmente qué aspecto tiene la corteza de una gran parte de la Tierra".

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El agua causa un rápido enfriamiento en todos los lados, provocando la formación de cortezas exteriores en forma de almohadilla. A medida que la lava sigue fluyendo, se expanden y la corteza puede agrietarse o quebrarse.

 

Es por esa razón que la vulcanóloga y sus colegas han estado recogiendo imágenes detalladas del fondo del mar entre 700-2.000 metros por debajo de la superficie.

Para reconstruir la historia volcánica submarina, Yeo desarrolló un nuevo método para fechar el flujo de lava utilizando "propiedades hidroacústicas".

Eso consiste en analizar cuánto sonido refleja de vuelta el flujo de lava, al ser alcanzado con un sonar.

Sus hallazgos, publicados en abril de 2016, revelaron que esas enormes erupciones ocurrieron en los últimos 4.000 años.

Es decir que en términos geológicos esos volcanes son unos bebés.

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El agua de mar, calentada por la actividad volcánica, puede filtrar metales desde las lavas adyacentes.

 

En julio de 2016 Yeo y sus colegas volvieron al mismo lugar en la dorsal North Kolveinset, situada a unos 500km del norte de la costa de Islandia.

Usando un robot autónomo submarino pudieron captar miles de fotografías de alta resolución del fondo del mar, que nunca antes había sido visto con tanto detalle.

Las fotografías, mostradas aquí, son de tan alta calidad que ahora el lecho del mar puede ser inspeccionado como lo hacen los geólogos sobre un terreno.

"Esas observaciones, combinadas con las extensiones espaciales de los flujos, permiten que podamos calcular la cantidad de lava que se expulsó, el lugar y la fecha".

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Si la lava se expulsa muy rápidamente no hay tiempo para que se forme una corteza almohadillada, sino una placa más maciza similar a las que se ven sobre la tierra.

 

Las imágenes reconfirman que los flujos de lava son relativamente recientes. Además, muestran que hay claros períodos de inactividad, sin erupciones, durante miles de años.

Y lo que es más sorprendente es que parte de la lava parece estar ausente.

Los científicos pueden calcular cuánta lava nueva se necesita para reemplazar los espacios que quedan al separarse las dorsales.

La cantidad que el equipo observó no es suficiente para explicar el grosor de la corteza, que es de entre 7-10 kilómetros.

Es por eso que los investigadores ahora dicen que períodos volcánicos incluso mayores "deben haber precedido al volcanismo que recogimos en imágenes".

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Esta pluma de mar se encuentra comúnmente en los océanos Atlántico y Ártico.

 

Fue solo recientemente que los científicos se dieron cuenta de la existencia de esos flujos de lava.

"Ni siquiera sabíamos con precisión la localización del eje de la dorsal hasta que inspeccionamos el área en 2012", dice Yeo.

Ahora que ya podemos hacer más averiguaciones. "En un sentido muy grande estamos intentando precisar con qué productos se construye la corteza oceánica y el tiempo que toma".

"Es verdad lo que se dice: sabemos muy poco sobre los océanos".

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La mayor parte del fondo del océano está cubierto de lavas fracturadas formadas como consecuencia de procesos de flujos de lava o deslizamientos de tierra.

 

En este lugar, el equipo encontró evidencia de fuentes hidrotermales de baja temperaturas. Esto puede venir de una fuente cercana al grupo de anémonas en la parte superior de la foto de arriba.

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Grandes crinoides, pequeñas estrellas frágiles y estrellas de mar anaranjadas rápidamente colonizaron el suelo del cráter de un volcán recientemente activo.

 

El material de color oscuro sobre el cual están asentadas las criaturas (arriba) es cristal volcánico desmenuzable, expulsado del volcán hace menos de 100 años.

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La actividad hidrotermal puede formar altas chimeneas sobre el fondo del mar.

 

Esta vieja chimenea ya no está activa y descansa sobre el borde de un volcán activo de más de 1.000 metros de altura. Fue colonizado por anémonas y otros organismos marinos.

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El fondo del mar en las dorsales oceánicas está activamente quebrándose por el movimiento de separación entre la placa Euroasiática y Norteamericana.

 

Esta separación de las placas causa fisuras y rompe las lavas del fondo del mar, como se ve arriba.

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Los flujos más antiguos de lava pueden fracturarse por las múltiples grietas provocadas por el movimiento de placas.

 

Estas grietas o fisuras (arriba) pueden tener decenas de metros de profundidad, cientos de metros de ancho y muchos kilómetros de longitud.

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Una actividad hidrotermal más vigorosa puede enterrar por completo el flujo de lava subyacente.

Imágenes cortesía de Isobel Yeo y del Instituto Helmotz de Investigación Océanica GEOMAR. Fueron tomadas con el sistema Deep Survey Cam montado sobre el vehículo ROV PHOCA.


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