Medellín, ¿la mejor?: las contradicciones de la ciudad de moda en América Latina

Medellín, ¿la mejor?: las contradicciones de la ciudad de moda en América Latina

De "la mejor ciudad latinoamericana para vivir" a "el burdel más grande del mundo", la Medellín que retratan los medios de comunicación no parece poder escapar a los extremos. Así la explica el corresponsal de BBC Mundo.

24Horas.cl TVN
19.12.2014

Un símbolo de la transformación de Medellín, siete años después de construida la Biblioteca España necesita una millonaria reparación de la fachada.

Un viaje desde El Poblado hasta la Biblioteca España puede ayudar a entender por qué Medellín está de moda.

Los dos lugares no podrían ser más distantes, física y simbólicamente: uno es un barrio exclusivo y de casas caras en esta ciudad colombiana, mientras que la biblioteca se levanta en medio de Santo Domingo Savio, una zona pobre incrustada en los cerros que rodean el centro urbano.

Pero dos obras que son orgullo de la ciudad, el metro y el innovador teleférico conocido como Metrocable, cubren la distancia que los separa.

El sistema de transporte rezuma eficiencia y el trayecto, que pasa por el corazón de la capital de Antioquia y se eleva hacia la montaña, permite además echarle un vistazo a los renovados espacios públicos de la ciudad, sus modernos parques educativos y sus pujantes centros empresariales.

Pero algo no está bien con la Biblioteca España y eso se nota a la distancia: desde hace meses una malla oscura recubre el edificio, uno de los símbolos de la transformación de una urbe que durante mucho tiempo fue sinónimo de violencia y narcotráfico.

"Eso se está cayendo", me dice un joven que más tarde se evidenciará como un probable integrante del "combo" –pandilla– que opera en el barrio.

Claramente exagera: el problema con la biblioteca no es estructural, es simplemente de fachada.

Pero para repararla la alcaldía local ha presupuestado 11.000 millones de pesos colombianos (US$5,4 millones). Más de lo que costó su construcción completa hace apenas siete años.

Preguntando demasiado

Cuando la biblioteca abrió sus puertas, doña Nury también abrió su pequeña tienda, a pocos pasos de distancia.

Es a la vez un ejemplo y una testigo privilegiada de lo que ésta y el Metrocable han hecho por la zona de Santo Domingo.

"Todo es mucho más tranquilo, más seguro", me dice doña Nury mientras le compro un refresco y conversamos sobre la transformación del barrio gracias a estas inversiones multimillonarias.

El Metrocable también ha sido instrumental para la transformación de Medellín.

Pero también dice que, cuando la biblioteca empezó a tener problemas de fachada, comenzó a notarse una disminución en el número de visitantes. Y el joven que se acerca a nosotros con la excusa de comprar chucherías es un buen recordatorio de que algunas cosas aún no han cambiado.

Antes también se había arrimado con disimulo a escuchar mi conversación con el vendedor de artesanías que tiene su quiosco en la plaza, claramente interesado en saber qué estoy haciendo aquí, por qué pregunto tanto.

Me dicen que es parte del "combo" del barrio: uno de los muchos grupos de muchachos que operan en algunas zonas de Medellín por cuenta del crimen organizado.

Aunque los pobladores del barrio apuntan que los de aquí son tranquilos. Que nada más piden contribuciones para hacer fiestas. Que si acaso aprietan, pero no ahogan. Que no molestan a los turistas. Que no matan a nadie.

Vacunas y fronteras invisibles

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Fernando Quijano, director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), estima que los "combos" en Medellín, unos 350, tienen presencia en más de 70% del territorio urbano.

Este es uno de los principales problemas de la capital de Antioquia: la han convertido en una ciudad llena de fronteras invisibles y, en algunas circunstancias, cruzarlas acarrea una sentencia de muerte.

Aunque también hay que destacar que la tasa de homicidios de la ciudad ha disminuido notablemente en los últimos 20 años.

Para algunos esta disminución es producto de un "pacto del fusil": un acuerdo entre las dos principales organizaciones criminales de la ciudad para no calentar la plaza.

Para el alcalde Aníbal Gaviria, en cambio, es una prueba de que "la institucionalidad se está imponiendo", como le dice a BBC Mundo.

"¿Este es un pacto de 20 años o qué?", señala mientras muestra un gráfico que da cuenta de la reducción de los homicidios de 1990 a la fecha. "Obviamente los grupos criminales hacen pactos. Pero es producto de una fortaleza cada vez mayor de la institucionalidad".

Las estadísticas demuestran progresos notables en materia de seguridad y reducción de la pobreza y avances en la lucha contra la desigualdad.

Ni siquiera él, sin embargo, niega la influencia de las bandas criminales sobre la vida cotidiana de muchísimos paisas, como se llama a los oriundos de esta región.

De hecho, según la Federación de Comerciantes de Colombia (Fenalco), 9 de cada 10 comerciantes de la zona son víctimas de extorsiones a manos de estas bandas.

La estatal Fábrica de Licores de Antioquía ha admitido que hay zonas en las que no puede vender su producto porque el negocio está controlado por grupos criminales. Y lo mismo aplica a la venta de leche y huevos. Ni siquiera las arepas escapan.

"La vacuna hace parte de la canasta familiar, en Medellín todos estamos vacunados", le dice Quijano a BBC Mundo, usando el nombre coloquial que los colombianos dan a los pagos extorsivos.

Y además de extorsiones y contrabando, las poderosas bandas de la ciudad también se dedican al contrabando y venta de drogas, controlan el negocio de las apuestas ilegales y tienen vínculos con la prostitución y hasta con la explotación de niños y adolescentes con fines sexuales.

"Probablemente Medellín no sea el burdel más grande del mundo, pero sí el más barato", me dirá luego Quijano, en referencia a un polémico reportaje de un canal de televisión de Reino Unido.

Referente internacional de...

Cuando, en septiembre pasado, el británico Channel 4 difundió un programa sobre supuestas subastas de vírgenes coordinadas por el crimen organizado "en el burdel más grande del mundo", las autoridades y numerosos ciudadanos de Medellín reaccionaron indignados, protestando por "la continua estigmatización" de la capital paisa.

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También en esto la ciudad muestra sus contradicciones: las mujeres de Medellín son famosas por su belleza y esa "denominación de origen" se aprovecha en el comercio sexual, legal en todo el territorio colombiano.

Un ejemplo al paso: a pocas cuadras de la estación del metro de El Poblado dos hombres venden DVDs piratas. El primero del montón: "Prepagos Paisas 2", porno 100% colombiano.

Pero los rumores sobre las "subastas de vírgenes" son otra cosa. Ya llevan varios años aunque, hasta el momento, las supuestas evidencias no son precisamente irrefutables.

Y al ser combinadas con las referencias a Pablo Escobar -sin las que los medios internacionales no parecen ser capaces de explicar nada que tenga que ver con Medellín-, también se vuelven más fácilmente desestimables para una ciudad que quiere ser definida por su presente y no por su pasado.

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La explotación sexual de menores es, sin embargo, un problema real en el que las autoridades dicen estar trabajando: el número de casos pasó de 374 en 2012 a "nada más" 181 el año pasado.

Para muchos, los turistas sexuales son fundamentalmente una consecuencia de la internacionalización de Medellín y de su cada vez mayor popularidad como destino turístico. La cara oscura de una industria beneficiosa para esta ciudad que ha sabido reinventarse a los ojos del mundo.

Medellín, la mejor

Varios de los logros de Medellín son visibles en el vestíbulo de la alcaldía local, a un costado del ascensor que lleva al despacho del alcalde.

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La cantidad y variedad de los reconocimientos, exhibidos en placas, no deja de impresionar: "capital de la innovación latinoamericana", "mejor destino para hacer negocios", "mejores programas en juventud de Latinoamérica", "movilidad sostenible y accesible", "lucha contra la pobreza", "mejores prácticas con enfoque de género".

Y en la calle es muy difícil encontrarse a un paisa que no esté tremendamente orgulloso.

"Yo no conozco otros lugares, pero sí creo que Medellín puede ser la mejor ciudad del mundo para vivir", me dijo Karina, una estudiante de 19 años con la que compartí la cabina del Metrocable a mi regreso de Santo Domingo.

"Y claro que hay problemas. Pero vamos por buen camino", comentó, en una frase que volveré a escuchar en boca de otros muchos locales.

El alcalde Gaviria me insiste en que no existe el riesgo de que Medellín se duerma en sus laureles o se termine creyendo su propia propaganda.

"Hemos avanzado muchísimo, pero sabemos que nos falta mucho por recorrer", dice mientras muestra unos gráficos que evidencian la reducción de la pobreza (56%), la pobreza extrema (63%), el desempleo (34%) y la desigualdad (9%) en los últimos 11 años.

Herencia narco

¿Cómo explicar, en el contexto de esas cifras, la supervivencia de las bandas criminales y su nivel de influencia sobre el día a día de los habitantes de esta ciudad? ¿Por qué a Medellín le ha sido tan difícil erradicar ese mal?

Para el alcalde Gaviria (a la derecha de Joseph Stiglitz) los reconocimientos de Medellín son combustible para seguir trabajando.

Observadores críticos afirman que es porque en el fondo los dueños del poder históricamente se han beneficiado con su existencia, porque los grupos armados ayudan a evitar que la gente se movilice en demanda de sus derechos y porque tampoco quieren privarse del dinero de los negocios ilegales.

El alcalde Gaviria sin embargo cree que, si bien una parte de la respuesta está en el pasado, el problema fundamental tiene que ver con la naturaleza transnacional del narcotráfico.

"Esas bandas están alimentadas por un residuo histórico de muchos años y por el influjo negativo de la cadena de muerte que las drogas ilícitas producen en nuestro continente", le dice a BBC Mundo.

Ciertamente, basta ver cuáles son los barrios con mayores índices de violencia para comprender el fuerte vínculo que todavía existe entre lo que pasa en Medellín y el mundo del narco.

Son aquellos que tienen una posición geográfica estratégica. Como la Comuna 13, que custodia la única salida al mar de la capital paisa.

En la Comuna 13

"La cosa no está igual, pero no está mejor. Está diferente".

La descripción es de Jehico, uno de los fundadores del colectivo de artistas Casa Kolacho y uno de mis guías en la Comuna 13.

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Entiendo lo que dice, aunque no dejo de pensar que mi presencia aquí es evidencia de que las cosas sí han mejorado.

Después de todo estoy haciendo el recorrido conocido como Grafitour: parte de los esfuerzos de los muchachos de Casa Kolacho por mantener viva la memoria e intentar "arrebatarle" el territorio a los grupos armados.

Y hace algunos años una iniciativa de este tipo hubiera sido sencillamente impensable.

Aunque, claro, no es lo mismo estar de paso que convivir diariamente con dinámicas que hacen que voces contestatarias como las de Jehico estén bajo permanente amenaza.

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Los viejos grupos paramilitares, reconvertidos en bandas criminales, siguen ejerciendo una importante dosis de control sobre los barrios. Y aunque también hay más presencia del Estado, el lema de los chicos de Casa Kolacho es que lo contrario a inseguridad no es seguridad, sino convivencia.

"Te lo voy a explicar así: yo crecí viendo hombres armados en la esquina de mi barrio. Hoy llevo a mi hijo a la escuela y sigo viendo hombre armados, aunque sean del ejército y la policía", le dice Jehico a BBC Mundo.

Lo que no significa que el modelo estatal de construcción de espacios públicos no haya demostrado su potencial, incluso en este contexto.

Un buen ejemplo son las emblemáticas escaleras eléctricas, instaladas para facilitar el acceso de los vecinos al barrio sobre la ladera.

"Nosotros no las destacamos porque hayan mejorado el tema de la movilidad, sino por cómo han ayudado a que la gente se sienta más orgullosa del barrio", explica Jehico.

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Y, ciertamente, las casas pintadas de colores, los techos cubiertos con grafitis y murales diseñados con la participación de sus dueños, las calles limpias "porque la gente las limpia" hablan de una transformación positiva.

"¿Pero a esos buses que suben acá los vacunan?", pregunto.

"Sí", es la respuesta.

"¿Y a esos comercios?".

"También".

Es una transformación impresionante, pero una transformación incompleta.

Metáfora de resiliencia

Seguramente esta no es la Medellín que tenía en mente la empresa española (una consultora de temas de transporte, defensa y telecomunicaciones) que la declaró "la mejor ciudad para vivir en Latinoamérica" en 2014, junto a Santiago de Chile.

Medellín, sin embargo, no deja de intentarlo.

Al fin de cuentas, la idea de que esta puede ser la urbe latinoamericana más habitable no suena tan descabellada cuando se la contempla desde los restaurantes elegantes de El Poblado.

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Pero, ¿y la Biblioteca España? ¿No es acaso una campanada de alerta sobre lo difícil que puede ser la innovación sostenible y la integración?

"Obviamente se podría usar como una metáfora negra, de que la transformación de Medellín está declinando", me dice el alcalde Gaviria.

"Yo prefiero otra metáfora... Esa biblioteca tendrá que ser otra muestra de la resiliencia de Medellín. De su capacidad para superar dificultades, para superarse", agrega el funcionario.

"Esta no es una transformación perfecta. Pero la transformación continúa y continuará".

Y la magia de la ciudad y sus habitantes ciertamente hacen que den ganas de creerle.


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