¿Por qué ya no conducimos coches de vapor?

¿Por qué ya no conducimos coches de vapor?

Más rápidos y menos contaminantes, los automóviles con motores a vapor tuvieron su momento de gloria, pero perdieron la carrera. ¿Podrían regresar a las carreteras ahora, que enfrentamos una galopante contaminación ambiental?

24Horas.cl TVN
23.02.2013

Rápido, limpio y eficiente, el coche a vapor fue en un tiempo el vehículo preferido de los conductores. ¿Por qué desapareció de las carreteras?

Atrévase a mencionar los motores de vapor y la mayoría de la gente pensará en trenes, no automóviles.

Esto, sin embargo, no siempre fue así. A principios del siglo XX más de la mitad de los coches en Estados Unidos funcionaba a vapor.

Principalmente producido por las compañías estadounidenses Stanley y White, los motores de vapor tenían una serie de ventajas sobre el novedoso motor de combustión interna.

Seguro y fácil de manejar

El presidente estadounidense Theodore Roosevelt utilizaba un coche oficial a vapor de la marca White de 30 caballos de fuerza.

Eran más simples mecánicamente y producían energía continua gracias a la presión del vapor, así que no tenían necesidad de la transmisión, embrague o engranajes de un motor de combustión.

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Con pocas piezas móviles, funcionaban silenciosamente y podían alimentarse con cualquier cosa que se quemara.

Producían 100% de su energía en reposo, por lo que eran fáciles de manejar y más seguros para los peatones. Podían detener su potencia en cualquier momento para reducir la velocidad más rápido que los frenos poco efectivos de entonces.

Pero los coches de vapor también tenían desventajas. Erán más complicados que sus rivales y podían llegar a pesar entre dos y tres toneladas.

Los más antiguos necesitaban grandes calderas y tanques de agua que perdían hasta 3 litros de líquido por kilómetro.

Stanley remedió esto parcialmente con la introducción de condensadores en 1915, que convertían gran parte del vapor en agua líquida antes de que pudiera escaparse. Pero incluso entonces, podía perder 0,3 litros por kilómetro.

Otro inconveniente era cuánto tardaba en aumentar la presión de vapor antes de comenzar el viaje.

El manual de uso del modelo de coche "Stanley steamer" publicado en 1918 sugería que esto podía llevar entre 10 y 15 minutos, pero con el clima frío tardaba mucho más tiempo.

El encendido también fue un problema para los vehículos propulsados por los novedosos motores de combustión. Los primeros modelos necesitaban manivelas manuales para iniciar el proceso y podía romper brazos y muñecas cuando el coche petardeaba.

Pero la invención del arranque eléctrico dio al motor de combustión interna una ventaja y permitió que las grandes compañías manufactureras invirtieran en su desarrollo.

Raros y anticuados

Los vehículos a vapor aventajaron por un tiempo a los de motores de combustión interna a comienzos del siglo XX.

En 1910, los coches con motores de combustión interna se estaban vendiendo masivamente a precios tan bajos que la pequeña industria de coches a vapor no tenía ninguna posibilidad de igualar esas cifras.

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Pronto, el modelo Ford T ocupó el lugar de Stanley como el coche más popular en las carreteras estadounidenses.

Los fabricantes de automóviles de vapor se adaptaron a la marginación a la que fueron relegados, y comenzaron a comercializar sus coches como productos de lujo. Stanley anunciaba en los diarios el "suave y delicado movimiento" de su vehículo e invitaba a los lectores a "reconocer la superioridad fundamental del vapor".

Pero en 1918 el modelo "Stanley steamer" valía casi 6 veces más que el Ford T.

La compañía dejó de comercializar sus coches en 1924. Los coches de vapor ya eran considerados raros y anticuados.

Desde entonces, han desaparecido de las carreteras. Sin embargo, muchos han sido preservados por entusiastas como Alun Griffiths, secretario del Club de Coches a Vapor de Gran Bretaña, que posee un coche modelo "Stanley Steamer" del año 1916.

"Puedo escuchar el silbido que hace el viento al acariciar el capó y ningún otro ruido aparte del leve golpeteo de las bombas de agua, como si fuera el sonido del corazón de la máquina".

"Se ha dicho que los motores de vapor en general parecen vivos en comparación con otras maquinarias y yo estoy de acuerdo", dice Griffiths.

El futuro del vapor

¿Pero están condenados al pasado los coches a vapor? ¿Son sólo un peldaño obsoleto en la historia del automóvil? Quizás no.

Los motores de combustión interna tienen sus propias desventajas. Dependen de combustibles fósiles, una fuente limitada que será cada vez más cara. Y producen sustancias contaminantes como monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno.

Los automóviles de vapor pueden utilizar una variedad de combustibles y su energía constante -disponible incluso cuando están en reposo- y por ello son adecuados para el tráfico moderno: se necesitan sólo unos ligeros toques al acelerador o al freno para arrancar o parar.

La tecnología moderna podría resolver muchos de los problemas históricos de los coches a vapor.

Materiales ligeros y revestimientos resistentes al calor podrían reducir drásticamente el peso de la caldera y el condensador, y se podría optimizar la retención de agua.

El tiempo de arranque con las calderas modernas podría reducirse de minutos a segundos.

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Algunas empresas han investigado y desarrollado tecnologías que funcionan con vapor, como el grupo Enginion AG, surgido de Volkswagen en la década de 1990, que creó un motor a vapor tan eficiente como los modernos motores de combustión interna, pero con emisiones más bajas.

Otra compañía, Cyclone Technologies, ha desarrollado un nuevo motor a vapor que es casi el doble de eficiente que uno de combustión interna, según asegura la empresa.

Pero como ninguno de estos motores se ha probado en la producción de automóviles, ¿existe alguna posibilidad de que los coches a vapor puedan regresar como vehículos de consumo moderno?

A medida de que las deficiencias de los motores comunes se hacen más evidentes, puede ser que se abra un mercado.

Pero los expertos tienen sus dudas.

"La producción de automóviles diésel o de gasolina representa una de las mayores industrias y no veo ningún argumento lo suficientemente poderoso como para generar el cambio radical que implicaría convertirse a la energía a vapor", dice Roger Kemp, profesor de Ingeniería de la Universidad de Lancaster, en Reino Unido, especialista en seguridad energética para sistemas de transporte.

Por lo visto, los automóviles de vapor permanecerán por ahora sólo en manos de los entusiastas. Pero incluso si no regresan a las carreteras, siempre mantendrán su importancia en la historia del transporte.


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