¿Y si Snowden no responde?

¿Y si Snowden no responde?

Mientras grandes poderes como Rusia y China se desentienden del exanalista de inteligencia estadounidense, Venezuela, Bolivia y Nicaragua lucen dispuestas a tensar sus ya complejas relaciones con EE.UU. para darle asilo.

24Horas.cl TVN
08.07.2013

Carlos Chirinos BBC Mundo

En Caracas, La Paz y en Managua esperan una llamada de Edward Snowden, en la que el exanalista de inteligencia estadounidense buscado por la justicia de su país por difundir información clasificada diga si acepta alguna de las ofertas de asilo que le han hecho desde esas capitales latinoamericanas.

Los gobiernos de Bolivia y Venezuela dijeron la semana pasada que estaban dispuestos a ofrecer refugio "humanitario" a Snowden, quien desde hace dos semanas está en la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú. Más cautelosa, Nicaragua ha dicho que "lo consideraría" si el fugitivo lo pidiera y si fuera factible.

La primera opción de Snowden fue Ecuador, país al que pidió asilo tras dejar Hong Kong, donde a principios de junio ofreció a los diarios británico The Guardian y al estadounidense The Washington Post datos sobre un sistema ultrasecreto de vigilancia de agencias de inteligencia estadounidense.

Pero tras lo que inicialmente lucía como una favorable acogida del gobierno de Rafael Correa –que ya mantiene como refugiado en su embajada en Londres al fundador de WikiLeaks, Julian Assange- su disposición a recibir a Snowden pareció enfriarse.

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El tránsito de Snowden en el aeropuerto moscovita amenazaba con extenderse y hacerse cada vez más incómodo para sus forzados anfitriones rusos, cuando el bloqueo europeo al avión del presidente de Bolivia, Evo Morales, le abrió nuevas opciones solidarias.

Solidaridad con Evo

La indignación que produjo en América Latina el que Francia, Italia, España y Portugal impidieran que Morales atravesara su espacio aéreo de regreso de Moscú, por sospechas infudadas de que Snowden iba a bordo de su avión, activó las nuevas ofertas de asilo al estadounidense.

Mientras todas las cancillerías sudamericanas rechazan el bloqueo -que forzó a Morales a aterrizar en Austria mientras se resolvía el impasse- solo las naciones consideradas como el "frente antimperialista", famosas por sus desafíos a Washington, dieron el paso adicional de ofrecer cobijo a Snowden.

Los primeros movimientos del estadounidense habían sido a China y luego a Rusia, países que mantienen relaciones de cordial adversidad con EE.UU. y donde previsiblemente podría contar con solidaridad política de sus gobiernos.

Pero China hábilmente se deshizo del problema dejando salir a Snowden de Hong Kong amparado en un tecnicismo en la solicitud de extradición, mientras que Moscú desde hace dos semanas no le permite la entrada a territorio ruso por carecer de pasaporte que lo identifique.

Pekín y Moscú, dos "pesos pesados" de la política internacional, parecen haber decidido que la de Snowden no es la mejor batalla para enfrentarse a Washington, con quien tienen permanentes diferencias y enfrentamientos, como sucede ahora con el manejo de la crisis en Siria o el programa nuclear de Corea del Norte.

En cambio Morales, el venezolano Nicolás Maduro y el nicaragüense Daniel Ortega, parecen ver una buena oportunidad para dejar sentada la "soberanía" e "independencia" de sus países y de paso cobrar la "afrenta" hecha al mandatorio boliviano.

Lógica antiimperialista

Snowden se ha convertido en una incómoda carga para Rusia.

No es raro que venezolanos, bolivianos y nicaragüenses salgan a contrariar los deseos del gobierno estadounidense, aunque muchos analistas consideran que en este caso la movida conlleva riesgos, con todo y las intenciones de esos países de zafarse de la hegemonía del norte.

Desde que en 2006 Evo Morales llegó al poder, Bolivia sigue la ruta antimperialista que marcaba el entonces presidente venezolano Hugo Chávez y ha ido cortando vínculos con Washington: desde la coordinación antidrogas hasta, en mayo pasado, el trabajo de la agencia de ayuda humanitaria estadounidense.

Pese a esas acciones, desde La Paz periódicamente se han dado expresiones procurando un acercamiento en condiciones "de respeto"

Caracas también parece querer cambiar la dinámica confrontacional que caracterizó la era Chavez.

Tras la reunión de junio entre el canciller Elías Jaua y el secretario de Estado, John Kerry, durante la Asamblea General de la OEA en Guatemala, ambas cancillerías adoptaron un lenguaje que hablaba de distensión y Venezuela elevó el nivel de su representación diplomática en Washington, con el nombramiento de un encargado de negocios.

Pero ahora, la sola disposición de recibir a Snowden podría comprometer esos incipientes acercamientos.

En el caso venezolano es poco lo que puede hacer EE.UU. para tomar represalias más allá de una improbable restricción del comercio binacional, fuertemente centrado en las necesarias exportaciones petroleras de Venezuela, el quinto suplidor de crudo al mercado estadounidense.

Claro que no todos en Venezuela, Bolivia o Nicaragua están de acuerdo con la solidaridad expresada por sus gobiernos. Piensan que sus países se arriegan a enemistarse con la principal potencia del planeta por un asunto que en principio no los atañe.

Y piensan además en lo difícil que podría ser reparar las cosas, incluso si Snowden no les responde.


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