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Viento, frío y desniveles: el desafío extremo de miles de corredores en Torres del Paine

Una exigente ruta, donde el clima y el terreno los pondrán a prueba en una nueva edición del Patagonian International Marathon.  

24horas.cl

Miércoles 2 de septiembre de 2026

Más de 2 mil corredores de 50 países y de casi un centenar de comunas de Chile llegarán durante septiembre hasta Torres del Paine para participar en una nueva edición del Patagonian International Marathon.

La competencia, que contempla distancias de 10K, 15K, 21K, 30K y 42K, agotó todos sus cupos con más de dos meses de anticipación. El interés por el desafío incluso llevó a la organización a abrir anticipadamente las inscripciones para la edición de 2027.

Pero detrás de los paisajes que convierten a esta carrera en una de las más llamativas del país existe otro desafío: las condiciones a las que debe enfrentarse el cuerpo durante el recorrido.

El terreno que cambia las reglas

Correr entre los lagos, montañas y las imponentes formaciones del Parque Nacional Torres del Paine no es comparable con hacerlo sobre el asfalto de una ciudad.

El ripio, las curvas y los desniveles obligan al corredor a modificar constantemente su pisada, dirección y equilibrio. Esto implica un trabajo adicional para distintos grupos musculares y puede acelerar la aparición de fatiga.

La Dra. Eva Peña, especialista en Medicina del Deporte y la Actividad Física de Clínica CRL, explicó que cada superficie plantea exigencias diferentes para el organismo.

“En el ripio, las curvas y los desniveles, cada zancada exige microajustes constantes, lo que activa muchos más músculos estabilizadores que en una carrera urbana. Esto es positivo para la fuerza funcional, pero también multiplica la fatiga neuromuscular”, advirtió la especialista. 

En terrenos irregulares, señala, los músculos estabilizadores deben trabajar de manera permanente para mantener el equilibrio. Esto puede favorecer el desarrollo de la fuerza funcional, pero también aumentar la fatiga neuromuscular a medida que avanzan los kilómetros.

Por eso, intentar mantener durante toda la carrera el mismo ritmo que se utilizaría en una competencia urbana puede convertirse en un error.

La recomendación es considerar también la percepción del esfuerzo y adaptar la intensidad según las características del terreno.

El frío y el viento también pasan la cuenta

Hay otro factor que puede cambiar completamente la experiencia de los corredores: el clima.

Las bajas temperaturas y el viento favorecen una mayor pérdida de calor corporal. El escenario puede ser todavía más exigente si la ropa está húmeda producto de la lluvia o la transpiración.

El frío también puede reducir el flujo sanguíneo en las extremidades y afectar la elasticidad de músculos y tendones, por lo que el calentamiento adquiere especial importancia antes de comenzar la carrera. A esto se suma un riesgo que puede pasar inadvertido: la deshidratación.

Aunque las temperaturas sean bajas, el cuerpo continúa perdiendo líquido a través de la sudoración y la respiración. Sin embargo, el frío puede disminuir la sensación de sed y hacer que el corredor no perciba con claridad la necesidad de hidratarse.

Por esta razón, la especialista recomienda utilizar ropa por capas, privilegiando prendas que permitan evacuar la humedad y protejan del viento. También aconseja establecer previamente una estrategia de hidratación y no esperar necesariamente a sentir sed.

La clave está en prepararse para lo que realmente viene

El desafío no está solamente en completar 10, 21 o 42 kilómetros. La distancia se combina con un escenario en constante cambio, donde el viento, el frío, el ripio y las pendientes pueden modificar considerablemente la exigencia física.

Por eso, la preparación debería reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones que el corredor encontrará en Torres del Paine.

La Dra. Peña planteó que el objetivo debe ser llegar preparado para enfrentar un terreno irregular, descensos, bajas temperaturas y viento, entendiendo que la distancia final debe ser consecuencia de un proceso de preparación y no una meta que obligue al cuerpo a sobrepasar sus límites.

Así, mientras miles de corredores se preparan para disfrutar de uno de los escenarios naturales más impresionantes de Chile, el verdadero desafío estará mucho más allá de la meta: estará en cómo responde el cuerpo cuando el paisaje deja de ser solo parte del recorrido y se convierte también en uno de los principales obstáculos de la carrera.