La triste noche de Chuck Berry en el Movistar Arena

La triste noche de Chuck Berry en el Movistar Arena

El público chileno, indulgente con la desastrosa presentación del legendario guitarrista estadounidense.

Cristobal Ponce
17.04.2013

La camisa roja de lentejuelas. Su reluciente Gibson. La gorra blanca de marinero. La toalla en el micrófono. Su flaco y espigado porte.

Sí. El músico que subió en la noche de este martes al escenario del Movistar Arena era el "padre del rock", el primer 'guitar hero' mundial, el gigante que patentó el 'duck walk' ("paso del pato") y enloqueció a millones de personas en todo el mundo con sus diabólicos ritmos.

En efecto, todo apunta a que fue Chuck Berry -y no su música- el que pasó fugazmente por Santiago en una noche para olvidar.

Las horas previas al show no fueron las más propicias, ya que los ecos que habían dejado sus presentaciones en Brasil, Uruguay y Argentina adelantaban que iba a ser una noche complicada.

Y es que las crónicas de la gira hablaban de un Chuck Berry bastante disminuido a sus 86 años, incapaz de recordar sus canciones y de extraer a su guitarra los sonidos que le convirtieron en ícono y espejo en el que se miraron generaciones enteras de artistas, para empezar monstruos como The Beatles y The Rolling Stones.

Un video con su deficiente presentación en el Luna Park de Buenos Aires dejó en claro lo que luego fue más que evidente en Santiago: la explotación a la que es sometido por parte de sus hijos Ingrid y Charles -integrantes de la mediocre banda de acompañamiento-, así como su mánager, para salir a escena apenas una hora, justificar de alguna forma el dinero pagado por los espectadores e irse dejando tras de sí el peor sabor de boca posible.

Polémico Show del padre del rock

Polémico Show del padre del rock

Hasta para despedir el Show su hija debió soplarle los pasos y terminaba así un espectáculo que dejaba en evidencia que Chuck Berry no es el de antes.

 

Santiago no fue una excepción, con cerca de 6 mil personas que fueron testigo de un show que nunca debió celebrarse, por respeto a la música y a una leyenda de 60 años de rock and roll y blues.

Grandes éxitos como 'School days', 'Roll over Beethoven' y 'Johnny B. Goode' fueron esbozados a duras penas, plagados de desafinaciones y olvidos, tapando las falencias del veterano artista de Misuri con los exagerados acompañamientos de armónica de Ingrid -y su cartera bajo el brazo- y un auténtico "muro de sonido" con las guitarras de la banda.

Todo para disimular lo indisimulable, que Chuck Berry no está ya -por desgracia- para estos trotes.

Con todo, el público chileno demostró una exquisita educación y no cargó contra la que -claramente- sólo era una víctima más del manejo de sus más cercanos.

De hecho, los presentes aplaudieron a rabiar cada vez que Berry lograba engarzar un par de 'riffs' reconocibles y a la salida incluso llegaron a confesar ante las cámaras de los canales televisivos que fue poco menos que el concierto de sus vidas.

Nada más lejos de la realidad. De hecho, fue la crónica de un concierto que jamás debió celebrarse, en el que acabó siendo una bendición que sólo durara 60 minutos, cuando su "guardia pretoriana" lo sacó casi a la fuerza del escenario sin poderse siquiera despedir.

 


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