En un nuevo estudio titulado “Salir es vivir”, elaborado por Cadem y Mallplaza, se pone el foco sobre una realidad preocupante: la vida social en Chile está siendo desplazada por el uso excesivo de dispositivos electrónicos.
La investigación señala que el 65% de las personas reconoce que pasa la mayor parte de sus momentos de descanso frente a una pantalla. Esta tendencia hacia el encierro digital se profundiza con otro hallazgo: un 57% de los encuestados admite que, incluso teniendo el deseo o el tiempo para salir, termina optando por quedarse en casa usando su teléfono móvil.
Mientras el 91% de la población considera que la soledad es un problema grave en el país, la mayoría elige la comodidad del dispositivo por sobre el encuentro presencial.
A pesar de la inercia que generan las redes sociales y el contenido digital, el estudio destaca que el bienestar real reside fuera del hogar. Para los chilenos, salir no es solo un tema de diversión, sino una herramienta de salud:
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Salud mental El 81% de los participantes asegura que salir es una forma efectiva de cuidar su equilibrio psicológico.
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Efecto "sábado": El 52% afirma que romper la rutina puede transformar un martes en un sábado.
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La barrera del ánimo: Un 62% confiesa que, aunque a veces siente flojera o falta de ganas para salir, una vez que lo hace, la experiencia a menudo resulta positiva.
Desde la gerencia de Cadem, Roberto Izikson define esta situación como una "verdadera epidemia de soledad", donde somos conscientes del daño que nos hace el aislamiento, pero nos cuesta abandonar el refugio de las pantallas.
Por su parte, Pilar Barriga, gerente de Marketing de Mallplaza, enfatiza la necesidad de un cambio de hábito:
“Estamos haciendo una invitación a guardar el teléfono y dejarse sorprender por el encuentro con otros. La interacción social es clave para generar confianza y bienestar”.
En definitiva, los datos sugieren que el principal obstáculo para mejorar la calidad de vida en Chile es, simplemente, dar el primer paso fuera de la interfaz digital para recuperar los espacios de convivencia que las pantallas han ido silenciando.