Actualmente es muy común escuchar de niños que presentan intolerancias o alergias alimentarias, las que a pesar que parecieran ser lo mismo son completamente diferentes y pueden tener consecuencias muy distintas, por eso es importante diferenciarlas y saber cómo detectarlas.
En los adultos es mucho más fácil, ya que sienten los malestares y se dan cuenta que algo no está bien, pero con los niños es mucho más complicado, ya que incluso pueden manifestarse a los pocos meses de nacido.
Lo primero que hay que tener en cuenta es la diferencia entre la intolerancia y la alergia alimentaria.
Una intolerancia alimentaria se manifiesta cuando el organismo es incapaz de digerir correctamente un determinado alimento, al irritarse el sistema digestivo, provocando síntomas como náuseas, gases, dolores abdominales, diarrea, irritabilidad, nerviosismo y dolor de cabeza. Cuando algún alimento no es asimilado por el organismo, debido a una carencia digestiva, enzimática o metabólica, se habla de intolerancia.
Por otra parte, la alergia alimentaria se produce como consecuencia de una reacción del sistema inmunológico (o defensivo), que reacciona frente a determinadas sustancias, presentes en ciertos alimentos, generando una serie de síntomas que pueden ser desde leves hasta muy graves. Cuando nuestro sistema inmune, cuyo objetivo es proteger de infecciones, virus y bacterias, interpreta a un determinado alimento como “invasor”, provoca una reacción alérgica, es decir, una respuesta desproporcionada en la cual el organismo libera una serie de sustancias químicas, como la histamina. Esta reacción puede ocasionar síntomas como: problemas para respirar, opresión de garganta, tos, ronquera, vómitos, dolor de estómago, urticaria, inflamación o disminución de la tensión arterial.
Durante la infancia es más habitual la existencia de intolerancia alimentaria debido a la inmadurez del sistema digestivo y a la gran cantidad de virus e infecciones que alteran la permeabilidad del intestino, lo que dificulta la correcta absorción de algunos alimentos.A partir de los seis meses de edad, cuando los lactantes comienzan a ingerir alimentación complementaria, puede manifestarse la intolerancia. Antes de los seis meses, explica la Dra. Kathrin Schoen, gastroenteróloga infantil de Clínica Ciudad del Mar, podría existir intolerante a la lactosa o a la proteína de la leche de vaca de las fórmulas infantiles que sustituyen a la lactancia materna, o también podría existir intolerancia a algún alimento consumido por la madre, y traspasado al bebé a través de la leche.
Tener antecedentes familiares de intolerancia en padres o hermanos es un factor que predispone a una posible intolerancia.
Síntomas de intolerancia alimentaria en niños
Los síntomas de una intolerancia alimentaria pueden aparecer hasta 72 horas después de haber ingerido el alimento. Los síntomas más frecuentes en niños son los siguientes:
- Diarrea.
- Estreñimiento.
- Gases.
- Molestias intestinales.
- Hinchazón de estómago.
- Vómitos.
- Dolor de barriga.
- Eccemas y picores.
- Digestiones pesadas.
- Dolor de cabeza.
- Dolores articulares.
- Retraso en el crecimiento.
- Pérdida de peso.
Intolerancias alimentarias más frecuentes en niños
Aunque existen muchas intolerancias alimentarias, la especilista explica que en niños las más frecuentes son:
- Intolerancia a la lactosa (el azúcar de la leche): la lactasa, enzima presente en el intestino delgado, descompone la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa), para que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal. Esto puede provocar síntomas como flatulencia, dolor y diarrea.
- Intolerancia al gluten: el gluten está presente en cereales de consumo habitual como trigo, cebada, centeno o avena. La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, que se puede diagnosticar a cualquier edad.
- Intolerancia a la sacarosa y a la fructosa: se produce por la ausencia de la enzima llamada sacarasa, azúcares presente en frutas, jugos y cereales. Se manifiesta por vómitos, ictericia, aumento del tamaño del hígado, irritabilidad.