Revisar la ubicación de otra persona sin su consentimiento, vigilar sus mensajes, excluirla deliberadamente de espacios digitales o difundir sus datos personales son algunas de las conductas que pueden convertirse en formas de abuso digital.
Un estudio global realizado por Kaspersky entre 7.600 personas de 19 países reveló que el 46% de los encuestados experimentó al menos una manifestación de abuso facilitado por la tecnología durante los últimos 12 meses.
Sin embargo, existe una brecha importante en el reconocimiento de estas conductas: solo el 32% de los participantes comprende correctamente qué significa este concepto.
El denominado tech-enabled abuse corresponde a conductas abusivas que se cometen o intensifican mediante herramientas digitales, como teléfonos inteligentes, redes sociales y plataformas online.
El problema es que muchas de estas situaciones forman parte de la vida cotidiana y no necesariamente dejan señales visibles, por lo que pueden ser confundidas con conflictos personales o conductas consideradas "normales".
¿Qué se considera abuso digital?
De acuerdo con la investigación, estas agresiones pueden presentarse de distintas maneras y, en muchos casos, combinarse entre sí.
Entre las situaciones reportadas aparecen los bloqueos y exclusiones deliberadas con intención de causar daño, mencionados por el 17% de los encuestados, mientras que un 15% recibió mensajes ofensivos o agresivos.
También se registraron formas más graves de violencia digital. Cerca del 9% aseguró haber sufrido acoso digital, mientras que el 5% fue víctima de doxing.
Esta última práctica consiste en publicar información personal de una persona en internet con el objetivo de intimidarla, acosarla o causarle algún tipo de daño.
Según el estudio, quienes experimentaron abuso digital enfrentaron, en promedio, casi tres formas diferentes de agresión, lo que evidencia que estas conductas pueden aparecer como una cadena de acciones y no necesariamente como un episodio aislado.
Stalkerware: cuando el celular se convierte en una herramienta de vigilancia
Uno de los riesgos que genera mayor preocupación es el stalkerware, un tipo de software que puede utilizarse para monitorear de manera oculta la actividad de una persona en su teléfono.
Una vez instalado, puede permitir el acceso remoto a información como ubicación, mensajes, llamadas, fotografías e historial de navegación, sin que necesariamente la víctima se dé cuenta.
El riesgo no se limita a la información recopilada. El acceso a estos datos también puede permitir conocer las rutinas de una persona, anticipar sus desplazamientos, revisar sus conversaciones privadas y ejercer control sobre ella.
De acuerdo con los datos entregados por Kaspersky, más de 34 mil usuarios fueron afectados por stalkerware entre 2024 y 2025. Con esto, el número acumulado de víctimas durante los últimos cinco años llegó a 127 mil personas a nivel mundial.

Durante ese periodo, la compañía identificó 33 nuevas familias de stalkerware y detectó casos en más de 160 países.
América Latina también aparece entre las zonas afectadas. Brasil se ubicó entre los tres países con mayor cantidad de usuarios afectados en 2025, junto con Rusia e India.
¿Cómo saber si tu celular podría estar siendo vigilado?
Algunas señales pueden levantar sospechas sobre la presencia de aplicaciones de vigilancia. Entre ellas:
- La batería comienza a agotarse mucho más rápido sin un cambio evidente en el uso del teléfono.
- Aumenta inesperadamente el consumo de datos móviles.
- Aparecen aplicaciones que no reconoces.
- Se activa la opción de instalar aplicaciones desde fuentes desconocidas sin que recuerdes haberlo hecho.
- Una tercera persona demuestra conocer información demasiado específica sobre tu ubicación, conversaciones o actividades digitales.
Sin embargo, una de estas señales por sí sola no significa necesariamente que exista stalkerware, por lo que se recomienda buscar orientación antes de tomar medidas.
¿Qué hacer si sospechas que alguien vigila tu teléfono?
Kaspersky recomienda no eliminar inmediatamente una aplicación sospechosa si existe la posibilidad de que haya sido instalada por una persona agresora.
Eliminarla podría alertar a quien está realizando la vigilancia y aumentar el riesgo para la víctima. Por eso, antes de actuar, es recomendable buscar apoyo especializado desde un dispositivo seguro. También se aconseja:
- Cambiar las contraseñas desde un equipo confiable.
- Utilizar claves diferentes y activar la autenticación en dos pasos.
- Buscar ayuda desde un dispositivo que no esté siendo monitoreado.
- Contactar a una persona de confianza o a organizaciones especializadas en violencia digital, acoso o violencia de pareja.
- Mantener el teléfono protegido con una solución de seguridad confiable.
"Uno de los principales desafíos del abuso facilitado por la tecnología es que muchas de sus manifestaciones se han normalizado dentro de la vida digital", explicó Fabiano Tricarico, director de Productos para el Consumidor para América Latina en Kaspersky.

El ejecutivo advirtió que acciones como controlar la ubicación de otra persona, revisar sus dispositivos, excluirla deliberadamente de espacios online o difundir información personal pueden confundirse con conflictos cotidianos, cuando en realidad pueden constituir formas de violencia.
"Entender cómo se manifiestan estos abusos es el primer paso para prevenirlos y construir entornos digitales más seguros", sostuvo.
Un problema también se extiende a la información personal
El estudio además alerta sobre la existencia de un mercado de servicios de vigilancia y exposición de datos personales en la dark web.
Según los investigadores de Kaspersky Digital Footprint Intelligence, en distintos foros se han encontrado ofertas de doxxing cuyos precios van desde 50 hasta 4.000 dólares.
El hallazgo muestra cómo información personal que circula en internet puede convertirse en una herramienta para ejercer acoso, intimidación y control.
Por ello, más allá de proteger las contraseñas, reconocer qué conductas constituyen abuso digital también se vuelve una herramienta de prevención.