Una simple picadura de garrapata puede cambiar la vida de una persona. Así le ocurrió al inmunólogo Thomas Platts-Mills, quien desarrolla una erupción cutánea cada vez que consume carne roja. Él es una de las miles de personas diagnosticadas cada año con alergia a la α-gal, una enfermedad inducida por garrapatas que puede llegar a ser potencialmente mortal y cuya incidencia sigue aumentando.
La alergia se desarrolla después de, al menos, dos picaduras de garrapatas que transportan en su saliva una molécula de azúcar llamada α-gal (galactosa α-1,3-galactosa). Estos parásitos suelen encontrarse en ciervos y pueden transmitirse a las personas al caminar por zonas con hierba o arbustos donde habitan.
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Cuando una garrapata pica, la α-gal pasa desde su saliva al torrente sanguíneo, desencadenando la producción de anticuerpos de inmunoglobulina E (IgE). A partir de ese momento, una nueva exposición a esta molécula —presente en la carne roja y los productos lácteos— puede provocar una reacción alérgica.
En algunos casos, la respuesta del organismo puede derivar en una anafilaxia potencialmente mortal, explicó Platts-Mills, quien también investiga las alergias en la Universidad de Virginia. Hasta ahora, al menos dos personas han fallecido en el mundo a causa de esta alergia.

Casos aumentan en distintos países
Los investigadores advierten que los casos de alergia a la α-gal están creciendo en varios países, impulsados principalmente por el cambio climático y el aumento de las poblaciones de ciervos, aunque todavía existen muchas interrogantes sobre esta enfermedad.
Además, el diagnóstico suele ser complejo porque los síntomas aparecen horas después de consumir carne y, en ocasiones, incluso meses después de la picadura de la garrapata.
"Seguimos a ciegas, pero es nuestra responsabilidad encontrar algo que funcione para las personas que necesitan tratamiento", afirmó Benjamin Casterline, investigador de inmunología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Missouri.
Australia registra actualmente las tasas más altas del mundo de alergia a la α-gal, con más de 700 personas afectadas por cada 100.000 habitantes en algunas zonas donde abundan las garrapatas. Desde 2020, los casos sospechosos han aumentado un 22% cada año, principalmente debido a la garrapata paralizante australiana (Ixodes holocyclus).
En Estados Unidos, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que hasta 450.000 personas podrían padecer esta alergia. Entre 2017 y 2022 se diagnosticaron cerca de 15.000 nuevos casos anuales, la mayoría relacionados con la garrapata estrella solitaria (Amblyomma americanum), considerada la principal responsable de esta enfermedad en ese país.
En Japón, entre el 2% y el 4% de la población ha estado expuesta a la molécula α-gal y ha desarrollado anticuerpos, aunque eso no significa necesariamente que sean alérgicos. En Dinamarca, la sensibilización a esta molécula pasó del 1,3% al 3,2% entre 1990 y 2016.
El cambio climático y los ciervos, entre las principales causas
Los científicos creen que el aumento de las temperaturas está ampliando el hábitat de las garrapatas.
Nanju Alice Lee, científica de alimentos e investigadora de alergias de la Universidad de Nueva Gales del Sur, reveló que en Australia estos parásitos antes estaban restringidos a una pequeña zona, pero hoy se han expandido por gran parte de la costa este del país.
A ello se suma el crecimiento de la población de ciervos, principal huésped de varias especies de garrapatas.
Según Platts-Mills, el aumento del ciervo de cola blanca en Estados Unidos ha favorecido la expansión de la garrapata estrella solitaria. Un fenómeno similar ocurre en Europa con el corzo y la garrapata del ricino (Ixodes ricinus), considerada la principal causa de alergia a la α-gal en ese continente.

¿Por qué esta alergia es diferente?
Lee señala que se trata de una alergia muy poco habitual porque es una alergia alimentaria provocada por la picadura de un insecto.
Otra característica que desconcierta a los especialistas es que los síntomas pueden aparecer hasta ocho horas después de comer carne, a diferencia de la mayoría de las alergias mediadas por IgE, que se manifiestan en pocos minutos o dentro de las primeras dos horas.
Platts-Mills afirmó que la teoría actual es que la α-gal viaja unida a moléculas de grasa presentes en la carne. Estas ingresan al sistema linfático y luego al torrente sanguíneo, donde tardan varias horas en descomponerse hasta alcanzar un tamaño que les permite llegar a los tejidos y desencadenar la respuesta inmunológica.
¿Existe tratamiento?
Actualmente no existe una cura para esta alergia. El equipo de Benjamin Casterline trabaja en la creación de un registro de pacientes con alergia a la α-gal para seguir la evolución de los síntomas, identificar distintos subtipos de la enfermedad y encontrar biomarcadores que permitan mejorar el diagnóstico.
Sin embargo, el investigador reconoce que primero es necesario comprender mejor cómo funciona esta alergia antes de desarrollar tratamientos eficaces.
Por ahora, las recomendaciones para quienes padecen esta condición son evitar el consumo de carne de mamíferos y, en algunos casos, utilizar antihistamínicos de acción prolongada para disminuir el riesgo de sufrir una reacción alérgica.
Aun así, existen señales alentadoras. Lee señaló que hay indicios de que, si las personas logran evitar nuevas picaduras de garrapatas durante un tiempo, los niveles de anticuerpos contra la α-gal pueden disminuir. A diferencia de otras alergias alimentarias que suelen ser permanentes, esto podría permitir que algunos pacientes vuelvan a incorporar gradualmente la carne en su alimentación tras un periodo de descanso del sistema inmunitario.