En esta nueva edición de Conciencia 24.7 revisamos un coprolito que permitió conocer parte de la alimentación de los dinosaurios, una hipótesis sobre el misterioso pasado de Venus, el impacto de los microplásticos en los suelos agrícolas y los desafíos que plantea el avance de la inteligencia artificial.
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Un excremento de dinosaurio se convirtió en una cápsula del tiempo
Hace unos 66 millones de años, un terópodo —posiblemente un tiranosaurio— habría dejado un coprolito, es decir, excremento fosilizado, que millones de años después permitió descubrir detalles sobre la vida del Cretácico Superior.
En su interior se encontró una pluma de un ave acuática con características anatómicamente modernas, además de escamas. Los restos permitieron reconstruir parte de una antigua cadena alimenticia: un pejelagarto fue ingerido por un ave y posteriormente esta habría sido devorada por un terópodo.
¿Venus alguna vez tuvo una luna?
Venus no tiene satélites naturales, pero un grupo de astrofísicos plantea una posible explicación: si alguna vez tuvo una luna, esta habría terminado chocando contra el planeta.
La hipótesis se basa en modelos informáticos que simularon la interacción gravitatoria. Debido a la extremadamente lenta rotación de Venus, el satélite habría perdido gradualmente su órbita hasta terminar colisionando con el planeta.
Microplásticos: una amenaza para los suelos agrícolas
Una investigación multinacional de cinco años analizó 227 campos agrícolas en 11 países europeos y detectó microplásticos en los suelos estudiados.
El análisis advierte que estas partículas pueden actuar como una especie de vehículo para contaminantes, pesticidas, bacterias, microbios y ADN. Las partículas más pequeñas presentan una mayor capacidad para absorber estos elementos, lo que podría favorecer la propagación de patógenos y genes de resistencia a los antibióticos, con posibles consecuencias para los organismos del suelo y la agricultura.
El desafío de una inteligencia artificial que puede auto-mejorarse
El rápido desarrollo de la inteligencia artificial también abre nuevas interrogantes. La capacidad de algunos modelos para mejorar sus capacidades plantea un debate internacional sobre los riesgos que podrían surgir si este avance ocurre sin suficientes medidas de seguridad y regulación.
¿Cuáles son los límites que debería tener esta tecnología y qué desafíos plantea su desarrollo? Estas son algunas de las preguntas que aborda esta nueva edición de Conciencia 24.7.