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"Extraordinariamente intenso": qué efectos tuvo en Chile el último "Niño Godzilla"

El Fenómeno de El Niño que se espera para la segunda mitad de 2026, trae a la memoria el anterior evento apodado de esta manera, registrado en la temporada 2015-2016. ¿Se cumplieron los pronósticos?

24horas.cl

Automóvil en medio de una inundación

Miércoles 24 de junio de 2026

Un "efecto devastador en decenas de millones de personas alrededor del mundo". Así catalogó la ONU el impacto de El Niño 2015-2016, uno de los más intensos de la historia.

"El Niño Godzilla" como fue llamado, produjo eventos climáticos extremos en las zonas Este y Sur de África, América Central, el Sudeste Asiático y las Islas del Pacífico, además de un aumento en la falta de alimentos, mayor desnutrición, susceptibilidad a enfermedades y desplazamientos humanos forzados. Todo eso puede producir un alza de un par de grados en la temperatura del océano Pacífico.

En Chile, el último episodio de este tipo auguraba lluvias que permitirían reducir la megasequía que se extiende desde 2009 y preocupó a las autoridades de la época por posibles inundaciones en la zona central.

Diego Campos, especialista de la Dirección Meteorológica de Chile, explica que "se trató de un evento extraordinariamente intenso: en su máximo desarrollo, a fines de 2015, el índice oceánico relativo de El Niño superó los 2 °C durante cinco trimestres consecutivos".

Pese a ello, señala que esa temporada "cerró con lluvias normales o algo bajo lo habitual", aunque con mucha variabilidad mes a mes. "El periodo que sí fue lluvioso en Chile central durante 2015 fue de agosto a octubre. Fue una suerte de invierno tardío y primavera lluviosa. Agosto fue el único mes invernal con una señal claramente lluviosa en la zona central y la primavera fue inusualmente lluviosa".

Campos destaca que El Niño de 2023, de mucha menor magnitud, provocó impactos mayores en cuanto a lluvias, lo que da cuenta de lo variables que pueden ser los resultados de un evento de este tipo.

Variabilidad intraestacional

Desde el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, el doctor en Ciencias Atmósféricas René Garreaud, pone sobre la mesa otro factor que altera los pronósticos típicos de El Niño: las oscilaciones intraestacionales, responsables de producir alternancia entre meses secos y lluviosos dentro de un mismo invierno.

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Se trata de la Oscilación Antártica (AAO) y la Oscilación Madden-Julian (MJO), que miden la variabilidad climática de la atmósfera y que pueden propiciar o jugar en contra de los efectos de El Niño. Su comportamiento explica gran parte de lo que se vivió en 2015.

El académico advierte que "las predicciones estacionales para este invierno en Chile central tienen algún grado de incerteza, aun cuando las mayores probabilidades son de un invierno lluvioso frente al cual personas e instituciones deben estar preparadas".

"La buena noticia es que actualmente podemos prever las condiciones meteorológicas con una semana de antelación gracias a los pronósticos numéricos del tiempo", concluye.