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Lo que "La Odisea" nos enseña sobre el caos climático

El colapso de la Edad de Bronce pudo haber comenzado con una crisis hídrica. Las sequías actuales plantean la inquietante pregunta de si se podría repetir en la actualidad.

24horas.cl

Deutsche Welle

Martes 1 de septiembre de 2026

Dejando a un lado los monstruos, el filme "La Odisea" de Christopher Nolan se basa en la realidad. La cinta trata sobre una historia de supervivencia posterior a la Guerra de Troya y durante el colapso de la civilización en la Edad de Bronce.

Los científicos conocen desde hace tiempo una misteriosa y severa sequía que azotó hace más de 3.000 años y coincidió con la desintegración de reinos y estados en todo el Mediterráneo. A finales de la Edad de Bronce, el sistema monzónico de África Occidental llevaba miles de años reduciéndose, convirtiendo el verde Sáhara en desierto.

Menos lluvia en África significaba menos lluvia en el Mediterráneo. Esa tendencia se intensificó cuando la región sufrió una sequía provocada por los ciclos climáticos naturales del Atlántico, que alternaron entre décadas de sequía y lluvias.

Una investigación publicada en julio ha arrojado luz sobre la posible causa de esa sequía: la superposición de una tendencia a la sequía gradual y un ciclo natural más rápido de tiempo seco. Katherine Power, la investigadora de la Universidad de Estocolmo que dirigió este estudio, afirmó que el entorno de la época podría explicar la migración masiva y los conflictos de la era de "La Odisea".

Durante décadas, los investigadores han especulado sobre el motivo del movimiento migratorio a gran escala, durante ese período, de los también conocidos como Pueblos del Mar.

"No sabemos con certeza por qué se desplazaron esas personas", alega Power. "Pero si podemos afirmar que el clima se estaba volviendo cada vez más hostil para la supervivencia, esa podría ser una posible explicación", apunta.

"Una tormenta perfecta de calamidades"

Esto, según Power, sigue siendo relevante en la actualidad. Los principales ríos de Europa registran mínimos históricos, y la sequía está creando las condiciones propicias para incendios forestales devastadores, además de agravar la pérdida histórica en la agricultura, dejando, por ejemplo, la peor cosecha de maíz en Francia en 50 años.

Los mismos ciclos de humedad y sequía del Atlántico siguen presentes, pero ahora se dan en el contexto del calentamiento global, como resultado de la quema de petróleo, gas y carbón por parte de los seres humanos.

Eric H. Cline, arqueólogo de la Universidad George Washington y autor de un libro sobre las raíces de la crisis de la Edad de Bronce, afirma que la sequía y las enfermedades formaron parte de la "tormenta perfecta de calamidades" que condujo entonces al declive de la sociedad.

Cline ve paralelismos con la actualidad. Y, en un correo electrónico enviado a DW, advierte que "deberíamos estar muy preocupados" por el cambio climático como factor de estrés que podría provocar el colapso de la civilización. "Este temor no es para nada exagerado", explica.

Y añade que, en sus días más optimistas, cree que "en algún momento entraremos en razón y evitaremos esa posibilidad".

¿Hubo un detonante para el colapso?

La investigación de Power buscaba identificar los patrones climáticos que pudieron estar detrás de los episodios de sequía observados durante la Edad del Bronce. Para ello, combinó evidencias paleoclimáticas procedentes de registros naturales, como núcleos de hielo y formaciones de cuevas, con una simulación climática de alta resolución desarrollada junto al paleoclimatólogo Qiong Zhang.

El modelo dividía el planeta en celdas de aproximadamente 125 kilómetros y reconstruía las condiciones climáticas mes a mes a lo largo de miles de años, lo que permitió analizar la evolución del clima en todo el Mediterráneo oriental.

La investigación de Power buscaba explorar qué patrones podrían subyacer a los episodios aislados de sequía de la Edad de Bronce. Para ello, comenzó a examinar esporas de plantas, núcleos de hielo, piedras de cuevas y otros registros naturales que indicaban sequía. Luego, ella y su coautor de Estocolmo, Qiong Zhang, experto en paleoclima, recurrieron a la modelización para obtener una visión más amplia.

Su modelo analizó todo el planeta, dividido en cuadrículas, donde cada celda cubría un área con una resolución atmosférica de aproximadamente 125 kilómetros (78 millas). Una supercomputadora calculó las condiciones en cada una de dichas celdas, mes a mes y a lo largo de miles de años. Esto permitió a los científicos estudiar todo el Mediterráneo.

"Ya no estamos limitados a un solo núcleo o una sola cueva", dice Power. "Podemos ver más allá y construir una imagen completa", explica.

La investigadora añadió que "cuando buscamos conexiones entre el cambio climático y los cambios en la civilización, a menudo perseguimos ese evento catastrófico, enorme y abrupto", pero en realidad se trata de "cambios lentos y graduales que empujan a una sociedad más allá de un umbral en el que se siente cómoda".

Así, por ejemplo, una disminución constante del suministro de agua puede provocar un declive gradual de las cosechas e impulsar a la gente a migrar y desencadenar conflictos.