Una investigación de expertos de la Universidad de Chile aportó la primera evidencia sísmica directa de deformación activa en profundidad en una frontera tectónica hasta ahora casi desconocida.
El movimiento en las profundidades de la Tierra no siempre se puede notar a simple vista, debido a que cuando dos placas tectónicas convergen, una de ellas puede introducirse bajo la otra en un proceso de subducción. Es esta tensión la que puede liberarse mediante terremotos.
En Chile, este proceso ocurre entre la placa de Nazca y la Placa Sudamericana, causando la gran actividad sísmica que caracteriza a nuestro territorio. Al contrario a lo que sucede en el resto del país, en la Patagonia Austral, la placa Antártica se introduce bajo la Sudamericana, causando una convergencia más lenta y con menor cantidad de sismos.
Factores como la escasez de señales, el aislamiento geográfico y la limitada presencia de instrumentos dificulta conocer cómo actúa el contacto entre ambas placas en profundidad y de qué forma se libera la energía acumulada.
Frente a esta situación, el Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas detectó por primera vez “tremors” tectónicos, señales sísmicas más débiles y prolongadas que son difícilmente percibidas por las personas.
El estudio “Tectonic Tremor Reveals Slow Deformation Along the Antarctic–South American Subduction Zone” fue publicado en la revista científica Geophysical Research Letters y fue desarrollada por la investigadora Kellen Azúa, junto al profesor titular Sergio Ruiz y el especialista Satoshi Ide.
“Los tremors tectónicos son señales sísmicas de muy pequeña amplitud y de duración mucho mayor que un sismo normal; su señal es tan débil que no son percibidos por las personas y para detectarlos se necesitan varias estaciones sismológicas ubicadas muy cerca entre ellas”, explica Ruiz.
Durante los dos años que duró la investigación, el equipo identificó 1.540 eventos de tremor tectónico profundo, un registro que permitió identificar patrones de ocurrencia, migración y respuesta de estas señales a pequeñas variaciones de tensión en la zona de contacto entre ambas placas.
“Es la primera vez que se observan esas señales en esa zona y nos comienza a dar luces de lo que está pasando y cómo se está liberando la energía entre estas dos placas, la placa Antártica y la Sudamericana”, aseguró Kellen Azúa.