A diferencia del consumidor residencial promedio que paga una tarifa regulada y fija, la figura del cliente libre permite a las empresas negociar directamente el precio y las condiciones de su contrato de suministro eléctrico con distintos generadores o comercializadores del mercado. Para acceder a este régimen, los usuarios deben registrar una potencia contratada igual o superior a 300 kW —a diferencia de los 10 kW habituales en un hogar—, lo que abre la oportunidad de adaptar el servicio a las curvas de consumo y necesidades específicas de cada negocio.