Una sonrisa que de pronto se vuelve asimétrica, un brazo que pierde fuerza o dificultades repentinas para hablar pueden ser algunas de las primeras señales de un Accidente Cerebrovascular (ACV). Aunque muchas veces estos síntomas pueden confundirse con cansancio, estrés o un malestar pasajero, actuar rápido resulta clave.
En Chile, cerca de 40 mil personas sufren un ACV cada año. Sin embargo, pese a su frecuencia, todavía existe desconocimiento sobre una diferencia fundamental: no todos los accidentes cerebrovasculares tienen el mismo origen ni requieren el mismo abordaje.
Esta condición ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir el flujo sanguíneo necesario o cuando se produce un sangrado en su interior. En ambos casos se trata de una emergencia médica y el tiempo puede influir directamente en el daño neurológico, las posibles secuelas y el pronóstico del paciente.
Actualmente, el ACV es la segunda causa de mortalidad en Chile y la primera causa de discapacidad adquirida en adultos.
“Cuando hablamos de ACV, no basta con saber que es grave. Lo más importante es reconocer los signos de alarma y actuar sin demora. Cada minuto que pasa puede marcar una diferencia en el pronóstico de una persona”, señaló el Dr. Víctor Hugo Navia, neurólogo.
ACV isquémico: cuando un coágulo bloquea el flujo de sangre
La mayoría de los ataques cerebrovasculares corresponde a los llamados ACV isquémicos. En estos casos, un coágulo impide que la sangre llegue de manera adecuada a una zona del cerebro.
Frente a esta situación, el equipo médico debe actuar rápidamente para intentar recuperar el flujo sanguíneo. Para ello, resulta fundamental contar con imágenes diagnósticas que permitan confirmar qué tipo de evento está ocurriendo y así orientar la decisión terapéutica.
En los últimos años, los centros especializados han incorporado distintas alternativas para favorecer una atención más oportuna en este tipo de emergencias. Por esta razón, llegar lo antes posible a un centro preparado sigue siendo uno de los factores más relevantes para acceder al tratamiento adecuado.
ACV hemorrágico: cuando se produce un sangrado en el cerebro
El ACV hemorrágico, en cambio, tiene un origen diferente. En este caso, el problema se produce por la ruptura de un vaso sanguíneo dentro del cerebro, lo que provoca un sangrado.
Aunque este tipo de ACV ocurre con menor frecuencia, puede presentar una mayor letalidad y requiere un abordaje distinto. La atención se enfoca en controlar el sangrado, estabilizar al paciente y evitar que el daño continúe avanzando.
Al igual que en un ACV isquémico, recibir atención médica de inmediato puede ser decisivo.
Las señales de un ACV que no debes ignorar
Uno de los principales riesgos es que los síntomas de un ataque cerebrovascular pueden ser breves o parecer poco graves. Algunas señales incluso pueden desaparecer después de unos minutos, llevando a la persona a pensar que no se trata de una urgencia.
Para identificar rápidamente una posible emergencia, existe una regla sencilla: F.A.S.T.
- F – Rostro: Un lado de la cara se cae o la sonrisa se ve desigual.
- A – Brazo: Uno de los brazos pierde fuerza, se adormece o no puede mantenerse levantado.
- S – Habla: La persona presenta dificultades para hablar, no se le entiende o le cuesta encontrar las palabras.
- T – Tiempo: Ante cualquiera de estas señales, es necesario actuar de inmediato.
Frente a estos síntomas, la recomendación es llamar al 131 del SAMU o acudir directamente a un servicio de urgencia preparado para atender un ACV.

Cada minuto puede ser decisivo
La respuesta frente a un ataque cerebrovascular no depende únicamente de una persona o de un tratamiento. La atención oportuna requiere una cadena de acciones que comienza con reconocer las señales de alerta.
Pedir ayuda sin demora, evitar retrasos en el traslado y llegar a un centro que cuente con imágenes diagnósticas y personal capacitado son pasos fundamentales en una emergencia de este tipo.
Por eso, ante una sonrisa torcida, pérdida repentina de fuerza en un brazo o dificultades inesperadas para hablar, esperar a que los síntomas pasen puede ser un error. Reconocer que no todos los ACV son iguales, pero que todos requieren una respuesta rápida, puede marcar una diferencia decisiva.