Click acá para ir directamente al contenido

Día del Orgullo Autista: Qué exigir y cómo actuar cuando el colegio sugiere alguna evaluación

Especialistas advierten que la escuela puede observar y sugerir apoyos, pero no diagnosticar. También subrayan la importancia de diferenciar hechos de interpretaciones en los reportes escolares y que muchas veces las señales del autismo son interpretadas como timidez, desmotivación o problemas de conducta.

24horas.cl

Jueves 18 de junio de 2026

Cada 18 de junio se conmemora el Día del Orgullo Autista, una fecha que busca visibilizar la neurodiversidad y promover una mirada más inclusiva sobre las distintas formas de funcionamiento cognitivo y social. En ese contexto, cada vez es más usual que los colegios alerten a las familias sobre posibles señales del neurodesarrollo de sus hijos y sugieran una evaluación profesional, lo que abre dudas respecto al alcance de estas observaciones, el rol del establecimiento y los pasos a seguir por los padres.

Según explicó Camila Navarrete, psicóloga infanto-juvenil y especialista en neurodivergencias de la Universidad UNIACC, “cuando un colegio plantea a una familia la posibilidad de realizar una evaluación por una condición del neurodesarrollo, el foco no debiera estar en etiquetar al niño, niña o adolescente, sino en comprender qué apoyos necesita para participar, aprender y desarrollarse en mejores condiciones”.

“Antes de iniciar cualquier proceso evaluativo, la familia debería pedir al establecimiento información clara, concreta y contextualizada. No basta con frases generales como “le cuesta socializar”, “no pone atención” o “tiene conductas extrañas”. Es importante solicitar ejemplos específicos de las situaciones observadas: cuándo ocurren, en qué espacios, con qué frecuencia, desde cuándo se observan y qué estrategias ya ha implementado el colegio”, agregó.

“Es relevante pedir antecedentes pedagógicos, conductuales y socioemocionales: desempeño académico, participación en clases, relación con pares, respuesta a cambios de rutina, regulación emocional, comunicación, autonomía y adaptación al contexto escolar. Idealmente, esta información debería estar organizada por escrito y no depender solo de impresiones aisladas”, añadió. 

Navarrete enfatizó que existe un límite que los padres deben considerar ante este tipo de situaciones. “El establecimiento puede observar, registrar, acompañar y sugerir apoyos, pero el diagnóstico corresponde a profesionales competentes y debe realizarse mediante una evaluación integral, ética y contextualizada”, afirmó.

En esa línea, advirtió la necesidad de distinguir entre hechos e interpretaciones en los reportes escolares. “Decir ‘se tapa los oídos cuando hay ruido’ es una observación. Decir ‘lo hace para manipular’ ya es una interpretación”, ejemplificó.

La académica planteó que estos procesos deben considerar múltiples actores del entorno educativo y clínico. “No es lo mismo una inquietud levantada por un profesor jefe, por varios docentes, por convivencia escolar, por orientación o por un equipo multidisciplinario. Mientras más miradas se integren, más completa será la comprensión de la situación”, señaló.

Agregó que una alerta escolar no pierde validez si proviene de un solo actor, pero debe ser interpretada con cautela. Entre las conductas que suelen motivar derivaciones, menciona dificultades en la interacción social, rigidez frente a cambios, intereses muy intensos, sensibilidad sensorial y problemas de comunicación.

Sin embargo, afirmó que estas señales pueden asociarse a distintas condiciones. “Pueden confundirse con ansiedad, timidez, depresión, bullying, problemas familiares, duelo, estrés académico, dificultades atencionales, altas capacidades, trauma o simplemente con estilos personales de desarrollo”, indicó.

La docente de la UNIACC aclaró que el autismo puede detectarse de forma tardía cuando niños, niñas y adolescentes desarrollan estrategias de adaptación o camuflaje que les permiten pasar desapercibidos en el contexto escolar. Explicó que esto puede observarse con frecuencia en estudiantes con buen rendimiento académico o lenguaje fluido, aunque internamente puedan experimentar cansancio, ansiedad o sensación de no encajar.

Agregó que “el diagnóstico tardío no significa que antes no pasara nada. Muchas veces significa que las necesidades estuvieron presentes, pero fueron interpretadas de otra manera: como timidez, mal carácter, desmotivación, inmadurez, ansiedad o problemas de conducta”.

Finalmente, advirtió que uno de los errores más frecuentes de las familias es enfrentar la sugerencia escolar desde la desconfianza o el temor. “Una evaluación no debería vivirse como una sentencia, sino como una herramienta para comprender mejor y acceder a apoyos. La pregunta central no debería ser solo “¿tiene o no tiene un diagnóstico?”, sino “¿qué necesita para estar mejor, aprender mejor y participar con mayor bienestar?”.