Cada sesión de diálisis cumple una función vital: ayudar a eliminar de la sangre sustancias que los riñones ya no pueden filtrar por sí solos. Pero detrás de este procedimiento existe un elemento clave que pocas veces está en el centro de la conversación: el filtro utilizado durante el tratamiento.
En Chile, más de 27 mil personas dependen de la hemodiálisis. Y aunque el acceso a esta terapia está garantizado, especialistas advierten que todavía existe una brecha relacionada con la calidad y las condiciones en que se realiza el procedimiento.
La alerta apunta específicamente a los dializadores, conocidos como filtros de diálisis, que pueden ser reprocesados y utilizados nuevamente en distintas sesiones.
El detalle que genera preocupación
A diferencia de otros países, donde estos dispositivos son considerados insumos de un solo uso, la normativa chilena permite actualmente su lavado, desinfección y reutilización bajo determinadas condiciones.
El problema, explican especialistas, estaría en lo que ocurre con el filtro después de ser utilizado y reprocesado. La membrana que permite realizar la depuración de la sangre puede experimentar un deterioro progresivo, lo que eventualmente podría afectar su capacidad para eliminar determinadas sustancias y toxinas.

En otras palabras, un filtro reutilizado no necesariamente tendría el mismo desempeño que uno nuevo. La situación ha generado preocupación entre especialistas y organizaciones de pacientes, especialmente porque la tecnología disponible en la actualidad permitiría avanzar hacia tratamientos con mayores niveles de depuración.
“El desafío actual de la diálisis en Chile no es solamente garantizar que una persona pueda acceder al tratamiento, sino asegurar que reciba una terapia con la mayor eficacia disponible”, señaló la Dra. Tamara Bórquez, presidenta de la Sociedad Chilena de Nefrología (Sochinefro).
La alternativa que podría cambiar la diálisis
La discusión adquiere mayor relevancia al considerar una terapia que ha mostrado resultados prometedores: la Hemodiafiltración de Alto Volumen (HvHDF).
Este procedimiento requiere filtros nuevos de alto flujo para alcanzar su máximo desempeño y busca mejorar la eliminación de determinadas sustancias durante la diálisis.
Uno de los principales antecedentes es el estudio CONVINCE, publicado en The New England Journal of Medicine, que observó una reducción del 23% en el riesgo de mortalidad global en pacientes tratados con esta modalidad frente a la hemodiálisis convencional.
Además, análisis farmacoeconómicos han estimado que su implementación podría reducir complicaciones y hospitalizaciones, con potenciales ahorros para el Estado cercanos a $5.533 millones al año.
Una discusión que podría llegar al GES 2027
Para los especialistas, el debate no debería centrarse únicamente en cuántas personas pueden acceder a la diálisis, sino también en qué tipo de tratamiento están recibiendo.
“El reúso de filtros responde a un modelo que hoy debemos revisar a la luz de la evidencia científica disponible”, sostuvo la Dra. Bórquez.
Las sociedades científicas y organizaciones de pacientes esperan que la discusión de cara al GES 2027 permita revisar el modelo actual y avanzar hacia una atención renal que considere no solo la cobertura, sino también la seguridad, calidad y eficacia de cada sesión de diálisis.
Así, detrás de un procedimiento que miles de personas realizan varias veces por semana, existe una pregunta que comienza a tomar fuerza: ¿el sistema chileno está entregando la mejor diálisis que la tecnología actual permite?