Más de la mitad de los adultos aparentemente sanos y sin antecedentes de enfermedad cardiovascular presenta aterosclerosis silenciosa, una afección responsable de gran parte de los infartos y accidentes cerebrovasculares. Así lo revela un nuevo estudio internacional en el que participa el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC).
La investigación, dirigida por el doctor Borja Ibáñez, director científico del CNIC, cardiólogo del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y jefe de grupo en el CIBER de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), junto al doctor Henning Bundgaard, profesor de Cardiología en el Rigshospitalet de Copenhague, muestra que la aterosclerosis puede comenzar décadas antes de la aparición de los primeros síntomas.
Los resultados, presentados durante una sesión Hot Line del Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC 2026) y publicados en The New England Journal of Medicine, incluyen datos de más de 16.000 participantes. Del total, el 57,1% presentaba placas de aterosclerosis, pese a no contar con un diagnóstico previo ni manifestaciones clínicas de enfermedad cardiovascular.
Una enfermedad que puede avanzar en silencio
La aterosclerosis constituye una de las principales causas de enfermedad cardiovascular y está detrás de la mayoría de los infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares. Las enfermedades cardiovasculares provocan cerca de 20 millones de muertes cada año en el mundo, y gran parte de estos fallecimientos se relaciona con la aterosclerosis.
La enfermedad puede permanecer silenciosa durante décadas mientras las placas de ateroma se acumulan progresivamente en las arterias. Frente a este escenario, el estudio plantea un cambio en la forma de abordar la prevención: en lugar de estimar únicamente el riesgo cardiovascular mediante factores tradicionales como la presión arterial, el colesterol o el tabaquismo, propone detectar directamente la presencia de aterosclerosis mediante técnicas de imagen antes de que aparezcan los síntomas.
De esta manera, las medidas preventivas y el tratamiento de los factores de riesgo podrían orientarse a partir de la presencia real de la enfermedad y no solo de una estimación indirecta del riesgo.
Los datos corresponden a la primera fase de REACT, uno de los mayores estudios realizados para analizar la presencia de aterosclerosis silenciosa a lo largo de la vida adulta. En esta etapa participaron 16.808 personas de entre 18 y 70 años, todas sin antecedentes conocidos de enfermedad cardiovascular.
Cada participante fue evaluado mediante técnicas avanzadas de imagen para identificar placas de aterosclerosis en las arterias carótidas, femorales y coronarias. Además, se analizaron factores de riesgo cardiovascular, biomarcadores sanguíneos, muestras destinadas a estudios ómicos e imágenes de retina, lo que permitió construir una de las bases de datos más completas sobre aterosclerosis.
Afecta incluso a los adultos más jóvenes
Uno de los principales hallazgos apunta a que la enfermedad aparece mucho antes de lo esperado. Una de cada 13 personas entre 18 y 29 años ya presentaba aterosclerosis en alguna arteria del organismo.
La proporción aumenta progresivamente con la edad y llega a nueve de cada diez personas entre los 60 y 70 años.
El estudio también identificó una relación entre la presencia de aterosclerosis en las arterias coronarias y su aparición en otras zonas del cuerpo. La mayoría de las personas con placas en las arterias del corazón también presentaba aterosclerosis en las arterias carótidas o femorales.
Este resultado adquiere relevancia para el diagnóstico, ya que la evaluación mediante ecografía de las arterias carótidas y femorales resulta más sencilla, rápida y no invasiva.
“En nuestro paradigma, los ecógrafos portátiles, que pueden ser utilizados por cualquier profesional sanitario, se implantarán como estándar para el cribado de enfermedad cardiovascular desde etapas tempranas de la vida”, explicó Ibáñez.
Diferencias entre hombres y mujeres
La investigación también detectó diferencias importantes entre hombres y mujeres. En los varones, la presencia de aterosclerosis aumenta desde edades más tempranas, con un perfil de enfermedad entre cinco y diez años adelantado respecto de las mujeres.
En ellas, el incremento más marcado ocurre entre los 40 y 60 años, periodo que coincide, en términos generales, con la transición menopáusica.
Los resultados apuntan a la necesidad de desarrollar estrategias de prevención que consideren tanto el sexo como la etapa de vida de cada persona. En esta línea, el CNIC mantiene una investigación paralela centrada en el estudio de la enfermedad aterosclerótica en mujeres.
Hacia una nueva forma de prevenir
Otro de los hallazgos relevantes es que los métodos convencionales para estimar el riesgo cardiovascular, como las escalas SCORE2, identifican solo a una pequeña proporción de las personas que ya presentan aterosclerosis silenciosa.
Para Ibáñez, estos resultados plantean la necesidad de avanzar hacia una prevención cardiovascular más precisa. “Durante décadas hemos estimado el riesgo cardiovascular a partir de factores como la edad, la presión arterial o el colesterol. Este trabajo demuestra que ahora podemos ir un paso más allá y detectar directamente la enfermedad antes de que produzca un infarto o un ictus”.
El especialista plantea que identificar la aterosclerosis en sus primeras etapas permitiría intervenir de manera más temprana, adaptar los tratamientos y reducir el impacto de las enfermedades cardiovasculares.
Por su parte, Bundgaard considera que los resultados abren una oportunidad para transformar la prevención cardiovascular. El estudio REACT demuestra que la aterosclerosis puede detectarse décadas antes de sus primeras manifestaciones clínicas y entrega información detallada sobre la evolución de la enfermedad durante la vida adulta.
Los investigadores plantean ahora la necesidad de realizar estudios prospectivos que permitan determinar si una estrategia preventiva guiada por técnicas de imagen, incluso mediante ecografía portátil, puede mejorar los actuales estándares de prevención cardiovascular.