El "cruising" se define en el ámbito de la sexualidad y la conducta social como la búsqueda intencional de encuentros sexuales o eróticos espontáneos con personas que no se conocen previamente. Esta práctica toma importancia social cuando se realiza en espacios públicos.
Frente a este comportamiento, la psicóloga clínica Carolina López sostuvo que "el cruising no es una patología por sí misma; lo importante es qué función cumple para la persona".
La especialista explicó que, en adultos, esta conducta responde a diversas necesidades de expresión personal o regulación emocional.
Las funciones psicológicas asociadas al cruising
Desde una perspectiva clínica de López, la búsqueda activa de estos encuentros de corta duración o sin vínculo afectivo previo puede asociarse a múltiples factores del desarrollo personal y la salud mental:
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Búsqueda de novedad, estimulación y experiencias espontáneas.
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Exploración de la propia identidad, preferencias y autonomía sexual.
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Necesidad de conexión, contacto, intimidad o validación personal.
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Vivencia de la sexualidad sin necesidad de establecer un compromiso afectivo.
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Regulación de emociones para disminuir la soledad, ansiedad, aburrimiento o malestar.
Los criterios para determinar una relevancia clínica
El análisis profesional establece que la cantidad de encuentros no define por sí sola la presencia de un problema de salud mental.
La especialista enfatizó que el problema no está “por la cantidad de encuentros necesariamente, sino cuando existe pérdida de control, compulsividad, malestar, consecuencias importantes”.
“Lo central es evaluar control, consentimiento, función psicológica”, recalcó
En el caso de adolescentes y jóvenes menores de edad, la interpretación requiere mayor cuidado debido a factores como la impulsividad, la búsqueda de aceptación, la menor capacidad para evaluar riesgos y el peligro de situaciones de manipulación o abuso por parte de adultos.
El contexto de fiscalización en espacios públicos
A nivel local, el desarrollo de esta práctica registró presencia en espacios abiertos como el Cerro San Cristóbal, recinto de 700 hectáreas donde el teniente de Carabineros Francisco Cabezas constató que "han habido grupos de hasta 10 personas que se han juntado".
Para evitar delitos contra la moral o riesgos de incendios forestales por residuos dejados en el lugar, Parquemet dispuso un dron industrial con cámaras térmicas y 182 cámaras terrestres de televigilancia.