Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), especialmente la anorexia, son la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes, después de la obesidad y el asma, y su gravedad continúa siendo ampliamente invisibilizada. Especialistas advierten sobre el complejo escenario que enfrentan hoy pacientes y familias, marcado por la falta de cobertura adecuada, la escasez de profesionales especializados y los altos costos asociados a tratamientos que requieren un abordaje multidisciplinario.
“Los TCA son graves enfermedades de salud mental, con una significativa morbimortalidad biomédica y psiquiátrica, independiente del peso corporal”, explica Macarena Zuleta, psicóloga clínica y codirectora del Centro CADDA.
Anorexia nerviosa, la enfermedad mental con mayor tasa de mortalidad
Dentro de este grupo, la especialista advierte que la anorexia nerviosa concentra uno de los escenarios más críticos, al ser considerada la enfermedad mental con mayor tasa de mortalidad, solo superada por las sobredosis.
“Existe un riesgo de muerte entre cinco y seis veces mayor respecto a la población general. Son enfermedades que generan consecuencias orgánicas graves derivadas de la desnutrición, restricciones alimentarias y desequilibrios hidroelectrolíticos derivados de las purgas frecuentes”, agrega Zuleta.
Entre las principales complicaciones se encuentran fallas cardíacas, síndrome de realimentación y alteraciones metabólicas severas. A ello se suma el riesgo suicida, asociado a cuadros de depresión, desesperanza e impulsividad, que explica entre el 20% y 30% de las muertes vinculadas a estos trastornos.
En paralelo, el acceso a tratamiento sigue siendo uno de los principales obstáculos. “Muchas familias pasan meses buscando ayuda y se encuentran con profesionales que no necesariamente tienen formación específica en TCA o con listas de espera extremadamente largas”, señala Pamela Campi, nutricionista y codirectora del centro.

Falta de cobertura
Actualmente, los trastornos alimentarios no cuentan con cobertura GES en Chile, lo que limita el acceso a tratamientos integrales en el sistema público y obliga a muchas familias a recurrir al sistema privado.
“Para muchas personas acceder a un tratamiento integral sigue siendo muy difícil. Además del déficit de especialistas, existe un alto costo asociado, ya que el abordaje de estos trastornos, requiere un equipo multidisciplinario, compuesto, al menos, por psiquiatra, psicólogo, nutricionista y nutriólogo con especialización en TCA”, explica Campi.
Un tratamiento ambulatorio puede fluctuar entre los 400 y 600 mil pesos mensuales, lo que, según advierte, dificulta la continuidad terapéutica y profundiza las desigualdades en el acceso a la salud.
Pese a recientes avances en cobertura nutricional por parte de las isapres, las especialistas coinciden en que la protección sigue siendo parcial y condicionada a la red de prestadores disponibles, sin resolver el problema de fondo.
En ese contexto, advierten que el estigma y la vergüenza asociada a la enfermedad continúan siendo algunas de las principales barreras para el abordaje de los TCA en Chile, donde el diagnóstico tardío, la falta de cobertura y la escasa red de especialistas siguen condicionando el pronóstico de muchos pacientes.
“Todavía existe una mirada que reduce estos cuadros a la comida o la apariencia física, cuando en realidad hablamos de enfermedades psiquiátricas graves y complejas”, concluyen desde CADDA.