Un insólito caso vivió el club General Velásquez de la Segunda Profesional luego de que su nuevo técnico fuera despedido apenas dos días después de ser anunciado.
El curioso caso de Nikolaos Issaris
Todo comenzó el pasado domingo cuando el club presentó con bombos y platillos al griego Nikolaos Issaris, quien incluso se tomó la foto oficial junto a Carlos Cornejo, presidente del club. Sin embargo, dos días más tarde el equipo confirmó la salida del entrenador.
¿Qué ocurrió? Problemas con sus papeles y la falta de la licencia correspondiente le impedían ponerse el buzo de General Velásquez.
“Yo llegué a hablar con Jorge Alvial, el empresario que lo trajo, y me dijo que el griego hablaba cuatro idiomas y que no iba a tener ningún drama en comunicarse con los jugadores. Pero sabíamos que traía problemas con sus papeles y la bomba reventó como pasó”, relató a LUN Roberto Núñez, reportero de Radio Éxitos del Cachapoal.
(Foto: Instagram)
Sin licencia y una insólita propuesta
A su vez, Carlos Ramos, presidente del Colegio de Entrenadores de Chile, detalló al mismo medio que “nos habían alertado de este griego. Patricio Jorquera, nuestro secretario ejecutivo, hizo las averiguaciones y este señor tenía licencia UEFA, que sólo le permite dirigir juveniles, y le faltaba la UEFA Pro. El caso es el mismo que el de Esteban Paredes. Es el típico caso donde te venden piedras por papas”.
“Más que técnicos estas personas son inversionistas, que llegan a apoderarse de clubes con problemas económicos. A mí ni siquiera me consta que haya dirigido en todos esos clubes que se mencionaron”, agregó.
Por su parte, Carlos Cornejo, presidente de General Velásquez, reveló la curiosa fórmula que le propusieron los inversionistas para que asumiera el DT: “Acá llegó Jorge Alvial diciendo que era el representante de dos inversionistas canadienses, pero en el transcurso de las negociaciones no me pareció conveniente la institución. Además, el técnico que traían no estaba habilitado para dirigir en Chile. Me dijeron que él está haciendo el curso para sacar la licencia y que se la darían a fines de marzo. Entonces me decían: mire, yo tengo un amigo en Santiago, él partiría, y después a las dos, tres fechas renunciaría. Ahí me pareció todo muy raro”.