La imposibilidad de retraer el prepucio es una de las dudas más frecuentes entre padres y madres durante los primeros años de vida de sus hijos. Aunque muchas personas creen que se trata de un problema que debe resolverse con cirugía, los especialistas explican que, en la mayoría de casos, corresponde a una etapa normal del desarrollo.
La fimosis fisiológica es una condición habitual en los niños pequeños y suele resolverse de forma espontánea a medida que crecen, sin necesidad de intervención médica.
"Es importante que los padres sepan que el prepucio no tiene por qué retraerse completamente desde el nacimiento o durante los primeros años de vida. Intentar hacerlo a la fuerza puede provocar pequeñas lesiones, cicatrices o infecciones", indicó Danielle Reyes Cabalá, uróloga pediátrica de Clínica la Clínica Indisa.
¿Cuándo hay que consultar con un especialista?
- Dolor o dificultad para orinar
- Infecciones repetidas del prepucio o del glande
- Inflamación frecuente
- Cicatrices o endurecimiento del prepucio
- antecedentes de infecciones urinarias
- Episodios de parafimosis, cuando el prepucio queda atrapado detrás del glande
- Dudas sobre si el desarrollo corresponde a una evolución normal
De acuerdo con la especialista, la mayoría de niños no requiere una operación, ya que la fimosis fisiológica suele resolverse de forma natural con el paso de los años.
"Cada niño tiene un desarrollo distinto. La retracción del prepucio ocurre de manera progresiva y no existe una edad exacta que determine cuándo debe resolverse. Lo importante es evaluar la evolución clínica y la presencia de síntomas antes de indicar cualquier tratamiento", señaló la uróloga.
Sin embargo, cuando existe una fimosis patológica, es decir, aquella que provoca molestias, infecciones o cicatrices, el tratamiento puede incluir circuncisión.
Se trata de una cirugía frecuente, segura y generalmente ambulatoria, que permite al paciente regresar a sus actividades habituales pocos días después, siguiendo las indicaciones médicas.
"Lo más importante es no adelantar tratamientos ni retrasar una evaluación cuando existen síntomas. Un diagnóstico oportuno permite definir cuál es la mejor alternativa para cada niño y evitar intervenciones innecesarias", concluyó Reyes.