Si pensaste que tu perro te entiende cuando estás triste, enojado o con temor, acertaste totalmente. Una nueva investigación reveló que también procesan lo que ocurre en nuestro rostro y que su cerebro puede distinguir diferentes expresiones faciales humanas.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Viena y publicado en la revista iScience, analizó mediante resonancia magnética cómo reaccionaba el cerebro de perros domésticos cuando observaban rostros humanos con distintas expresiones.
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El hallazgo más relevante es que los animales no solo pueden diferenciar una cara feliz de una expresión negativa. También son capaces de distinguir algunas emociones negativas entre sí, como tristeza y miedo o ira y miedo.
“Esta es la primera demostración de que el cerebro canino puede distinguir entre emociones de la misma valencia”, afirmó la Dra. Laura Cuaya, coautora del estudio.
¿Cómo saben los investigadores qué emoción reconoce un perro?
Para estudiar la respuesta cerebral de los animales, el equipo trabajó con perros domésticos que habían sido entrenados para permanecer voluntariamente quietos, despiertos y sin sujeción dentro de un escáner de resonancia magnética.
La investigación se dividió en dos experimentos: En el primero participaron ocho perros. Los investigadores les mostraron cinco conjuntos de rostros felices y cinco conjuntos de rostros neutros.
Cada conjunto contenía cuatro fotografías de personas desconocidas para los animales, pero del mismo sexo que su cuidador principal. El procedimiento se repitió cinco veces con cada perro.
Los resultados mostraron una mayor actividad en determinadas zonas del cerebro cuando los animales observaban rostros felices, en comparación con las caras neutras.
Según Cuaya, estas áreas estaban asociadas con un mayor procesamiento visual, social y de recompensa, lo que sugiere que el perro estaba procesando algo positivo. Sin embargo, este primer resultado dejó una interrogante abierta.
“No sabemos si estas regiones están relacionadas solo con rostros felices o con rostros emotivos en general”, señaló el Dr. Raúl Hernández Pérez, primer autor del estudio.

Perritos que participaron en el estudio, junto a investigadores.
El segundo experimento puso a prueba otras emociones
Para profundizar en esa pregunta, los investigadores realizaron un segundo experimento de resonancia magnética con 12 perros.
Esta vez, los animales observaron nuevos conjuntos de rostros humanos, tanto masculinos como femeninos, que mostraban cuatro expresiones diferentes: felicidad, tristeza, miedo e ira.
El equipo utilizó aprendizaje automático para analizar la actividad cerebral registrada en las mismas regiones identificadas durante el primer experimento.
Los resultados mostraron que esa actividad podía distinguir los rostros felices de cada una de las expresiones negativas. Pero cuando se trataba de comparar las distintas emociones negativas, la respuesta era más compleja.

Al analizar la actividad de todo el cerebro de los perros, los investigadores encontraron que era posible distinguir entre rostros tristes y temerosos, así como entre rostros enojados y temerosos. En cambio, no lograron diferenciar claramente entre rostros enojados y tristes.
¿Por qué un perro podría confundir la tristeza con la ira?
Los investigadores plantean que las distintas expresiones negativas podrían generar respuestas diferentes porque representan distintos tipos de amenaza.
Sin embargo, también existe la posibilidad de que los perros necesiten información adicional para interpretar correctamente algunas emociones humanas.
El lenguaje corporal, por ejemplo, podría entregar señales que ayuden al animal a distinguir entre una persona enojada y una persona triste.
Los autores plantearon que podría resultar más difícil para los perros diferenciar entre dos expresiones faciales humanas cuando ambas son negativas o ambas positivas.
De esta manera, mirar solamente el rostro podría no ser suficiente en todos los casos para que el animal identifique con precisión lo que está sintiendo una persona.
Una capacidad que podría estar relacionada con la domesticación
El trabajo también entrega nuevas pistas sobre la relación entre los perros y los seres humanos. Investigaciones anteriores del mismo equipo habían sugerido que los perros no cuentan con una región cerebral específica dedicada exclusivamente al procesamiento de rostros.
Sin embargo, esto no significa que la actividad cerebral sea igual en todas las zonas involucradas en el procesamiento visual.
¿Puede esto ayudar a entrenar a un perro?
Los resultados podrían tener además algunas aplicaciones prácticas. La doctora Cuaya señaló que expresar felicidad al entrenar a un perro podría facilitar el proceso de aprendizaje, considerando que los resultados mostraron una respuesta cerebral asociada a los rostros felices.
De todas formas, los investigadores advierten que el estudio tiene limitaciones. La muestra fue reducida; la mayoría de los perros eran de raza border collie y todos los animales estaban sanos y no presentaban problemas de comportamiento.
Por eso, los resultados entregan nuevas pistas sobre la manera en que los perros procesan las expresiones humanas, pero se necesitan nuevas investigaciones para determinar hasta qué punto esta capacidad se extiende a otros perros y a situaciones cotidianas.
Lo que sí muestra el estudio es que esa mirada que un perro dirige a una persona podría involucrar mucho más que simple atención: su cerebro está procesando las señales que recibe de nuestro rostro y puede distinguir algunas de las emociones que expresamos.