¿Puede el lugar donde vivimos influir en la velocidad con la que envejece nuestro cerebro? Una nueva investigación internacional liderada por el Latin American Brain Health Institute (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) concluye que sí. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature Medicine, demuestra que factores ambientales, sociales y políticos pueden tener un impacto significativo en la salud cerebral a lo largo de la vida.
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Los investigadores analizaron más de 18.000 neuroimágenes obtenidas en 34 países, integrando información sobre condiciones ambientales, desigualdad social y estabilidad política bajo un concepto conocido como exposoma, que reúne todas las exposiciones que afectan a una persona durante su existencia.

La contaminación, la pobreza y la inestabilidad afectan al cerebro
A diferencia de investigaciones anteriores, este trabajo utilizó herramientas avanzadas como resonancias magnéticas y electroencefalogramas para medir directamente cómo distintos factores externos impactan el cerebro. Los resultados revelaron que la combinación de 73 variables ambientales, sociales y políticas tiene un efecto hasta 15 veces mayor sobre el envejecimiento cerebral que el análisis individual de cada factor.
Entre las variables consideradas se encuentran la contaminación atmosférica, las condiciones socioeconómicas, la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la inestabilidad política. Según los autores, el efecto conjunto de estos factores genera una interacción compleja que acelera el deterioro cerebral y modifica el funcionamiento de las redes neuronales.
¿Qué es la neurosindemia?
El estudio introduce el concepto de neurosindemia, definido como la interacción simultánea de múltiples factores ambientales y sociales que, al actuar en conjunto, potencian el deterioro de la salud cerebral. Los investigadores observaron que no todos los factores afectan al cerebro de la misma forma. Mientras los elementos ambientales, como la contaminación, impactan principalmente la estructura cerebral, los factores sociales y políticos alteran la conectividad entre distintas regiones del cerebro.
Este hallazgo permite comprender mejor por qué personas expuestas a contextos adversos pueden presentar un mayor riesgo de deterioro cognitivo o enfermedades neurológicas con el paso del tiempo. Para Agustín Ibáñez, uno de los líderes de la investigación y referente internacional en neurociencias, los resultados obligan a ampliar la mirada sobre las causas del envejecimiento cerebral.

"Factores como el clima, la pobreza o la inestabilidad política tienen efectos combinados en el cerebro. Esto muestra que la salud cerebral no depende sólo de decisiones individuales, sino también de condiciones sociales y ambientales", señaló el investigador.
La evidencia sugiere que hábitos saludables como la alimentación, la actividad física o el descanso siguen siendo importantes, pero no son los únicos factores que determinan el bienestar cerebral.
Implicancias para las políticas públicas
Los autores destacan que estos resultados podrían influir en la manera en que los gobiernos diseñan estrategias de prevención y promoción de la salud. Si bien tradicionalmente las campañas de salud cerebral se han centrado en cambios de conducta individuales, el estudio plantea que factores estructurales como la calidad ambiental, la reducción de la desigualdad y la estabilidad social también deberían formar parte de las políticas públicas orientadas a proteger el cerebro durante todo el ciclo de vida.
Además, la investigación posiciona a BrainLat como uno de los principales centros de investigación en salud cerebral de América Latina y abre nuevas líneas de estudio sobre la relación entre entorno, neurociencia y envejecimiento. Los científicos concluyen que comprender cómo interactúan estos factores será clave para enfrentar el aumento global de enfermedades neurodegenerativas y promover una mejor calidad de vida en sociedades cada vez más longevas.