¿Pueden los insectos sentir dolor? Esa es la pregunta que vuelve a instalar un nuevo estudio científico publicado en Proceedings B de la Royal Society británica, luego de que investigadores australianos encontraran evidencias de que los grillos domésticos podrían experimentar algo más complejo que simples reflejos nerviosos. El hallazgo podría tener importantes implicancias éticas para la creciente industria de cría de insectos, utilizada en alimentación animal, consumo humano e investigación científica.
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El estudio que analizó a 80 grillos
La investigación fue liderada por especialistas de la Universidad de Sídney, quienes trabajaron con 80 ejemplares de Acheta domesticus, conocido como grillo doméstico. El objetivo era observar un comportamiento denominado “autoprotección flexible”, considerado una posible señal de experiencia dolorosa en animales.

Según explicó Thomas White, especialista en invertebrados y coautor del estudio, entender el dolor y la nocicepción es clave para evaluar el comportamiento mencionado. La nocicepción es el proceso fisiológico que da la señal de alarma que circula por el sistema nervioso de la mayoría de los organismos vivos ante un estímulo potencialmente dañino. “El dolor corresponde a lo que esa señal de daño hace sentir. Es una experiencia desagradable, subjetiva, vivida en primera persona, que motiva al animal a actuar con urgencia”, detalló el investigador.
Por su parte, la autoprotección flexible es el comportamiento complejo que un organismo desarrolla para protegerse y mitigar el daño tras una lesión. Por ende, su desarrollo implica la nocicepción y el dolor. Evidenciar esta referencia comportamental implica que un animal protege de forma sostenida una parte específica de su cuerpo, en contraste con un simple reflejo nervioso automático.
Cómo probaron si los grillos sentían dolor
Para evaluar esa posibilidad, los científicos sometieron a los grillos a tres pruebas distintas aplicadas de forma aleatoria. En una de ellas utilizaron un soldador calentado a 65 grados Celsius sobre una de las antenas durante cinco segundos. En otra prueba, el aparato no estaba caliente, y en la tercera no se aplicó ningún estímulo. Posteriormente analizaron cómo reaccionaban los insectos.
Los grillos expuestos al estímulo nocivo realizaron un acicalamiento mucho más frecuente y prolongado de la antena afectada, utilizando patas y mandíbulas para limpiarla y revisarla. Para los investigadores, el comportamiento observado sugiere que los insectos no sólo reaccionaron automáticamente, sino que identificaron la ubicación específica del daño y ajustaron su conducta de forma sostenida.

El debate científico sobre el dolor en insectos
El estudio se suma a otras investigaciones recientes en abejas y distintos invertebrados que también han mostrado respuestas compatibles con experiencias dolorosas. Entre ellas aparecen comportamientos donde los insectos parecen “evaluar” riesgos y recompensas pese a estar lesionados, además de respuestas alteradas por el uso de analgésicos.
“Nunca alcanzaremos una certeza absoluta”, reconoció White, aunque señaló que lo importante es la acumulación de evidencias convergentes. A diferencia de los mamíferos, donde las similitudes cerebrales con los humanos facilitan el estudio del dolor, en insectos el análisis depende principalmente de la observación conductual debido a la enorme diferencia en la estructura de su sistema nervioso.
Un debate ético para la industria de insectos
El hallazgo también reabre preguntas sobre el bienestar animal en una industria que cría miles de millones de insectos cada año. Actualmente, los grillos son utilizados para alimentación animal, producción de proteínas alternativas y experimentación científica a gran escala.
“Deberíamos preguntarnos si nuestras prácticas actuales están justificadas a la luz de lo que todavía no sabemos”, advirtió White. El investigador además explicó que en su laboratorio aplican protocolos de bienestar animal incluso en estudios con insectos, evitando daños permanentes y permitiendo que los ejemplares continúen su ciclo de vida normal tras los experimentos.