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Ciencia

Los cetáceos del estrecho de Gibraltar no logran comunicarse debido al ruido de los barcos

Un nuevo estudio reveló que los calderones comunes del estrecho de Gibraltar elevan sus vocalizaciones para comunicarse, pero no logran imponerse al ruido marítimo.

Cetáceos no logran comunicarse por el ruido de barcos en Gibraltar.

Vicente Barraza

- TVN

Miércoles 13 de mayo de 2026

El intenso tráfico marítimo en el estrecho de Gibraltar está afectando directamente la comunicación de los cetáceos. Un nuevo estudio científico reveló que los calderones comunes intentan aumentar el volumen de sus vocalizaciones para hacerse oír entre el ruido de los barcos, pero sus esfuerzos no son suficientes. La investigación, publicada en Journal of Experimental Biology, analizó durante tres campañas científicas a la población residente de Globicephala melas que habitan el estrecho de Gibraltar.

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El estrecho de Gibraltar: una autopista marítima

Por el estrecho de Gibraltar circula cerca del 10% del tráfico marítimo mundial. Cada año lo atraviesan más de 100 mil embarcaciones, entre ellas mercantes, ferris, barcos turísticos, pesqueros y otras naves menores. Todo ese movimiento genera una enorme contaminación acústica submarina que altera el entorno de especies marinas altamente dependientes del sonido para orientarse, coordinarse y alimentarse. En el caso de los calderones comunes, el problema parece especialmente delicado.

El “efecto Lombard” en las ballenas

Los investigadores detectaron que los cetáceos aplican el llamado efecto Lombard, un fenómeno conocido también en humanos y otras especies animales. Se trata de elevar automáticamente la voz cuando el entorno es muy ruidoso, tal como ocurre en bares, conciertos o calles concurridas. Para estudiar este comportamiento, científicos colocaron dispositivos de grabación en 20 calderones pertenecientes a seis grupos familiares distintos. Los aparatos permanecían adheridos al lomo de los animales durante 24 horas y registraban tanto las vocalizaciones como el ruido ambiental. En total, el equipo analizó:

  • 1.422 vocalizaciones
  • 84 horas de grabaciones
  • Diversos tipos de llamadas y contextos sociales

Los resultados mostraron que los calderones sí aumentan el volumen de sus sonidos cuando el ruido de fondo crece. Sin embargo, el incremento es insuficiente. Por cada decibelio adicional generado por los barcos, las ballenas apenas elevan sus vocalizaciones en promedio 0,5 decibelios.

Las ballenas no logran imponerse al ruido humano

El estudio concluyó que los cetáceos nunca consiguen superar completamente el ruido del tráfico marítimo. Las llamadas de baja frecuencia, que los investigadores creen fundamentales para mantener el contacto entre miembros del grupo separados a larga distancia, son las que menos capacidad tienen para aumentar de intensidad. Los científicos temen que esta dificultad para comunicarse tenga consecuencias importantes en:

  • La cohesión social del grupo
  • La coordinación durante desplazamientos
  • La alimentación
  • La reproducción
  • La supervivencia de las crías

El impacto del ruido submarino preocupa a los investigadores

La investigadora Ruth Esteban, del Instituto Español de Oceanografía (CSIC), advirtió según El País que el caso de los calderones no es aislado y que distintas especies de cetáceos ya han mostrado alteraciones en su comunicación producto del ruido humano.

Por su parte, el director de investigación del Bottlenose Dolphin Research Institute (BDRI), Bruno Díaz, también alertó sobre el creciente deterioro acústico del estrecho de Gibraltar y su impacto en la fauna marina. Según el especialista, el ruido podría incluso fragmentar poblaciones de cetáceos al alterar sus desplazamientos naturales y limitar su capacidad de comunicación.

Cuando el ruido es extremo, las ballenas optan por callar

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que, bajo niveles extremos de contaminación acústica, algunos calderones simplemente dejan de vocalizar. Los investigadores observaron este comportamiento cuando el ruido ambiental alcanzaba los 144 decibelios, una intensidad extremadamente alta para un entorno submarino.

Aunque aún faltan más datos para confirmarlo de forma definitiva, los científicos creen que el silencio podría ser otra estrategia de adaptación frente al ruido constante generado por las actividades humanas. El problema, advierten, es que callar también puede tener costos para animales que dependen del sonido para prácticamente todas sus interacciones sociales.