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Ciencia

Por qué los mamíferos se tocan nariz con nariz: la ciencia explica el "beso de esquimal"

Un estudio revela por qué muchos mamíferos se tocan nariz con nariz: intercambio químico, cohesión social y control reproductivo explican este gesto.

Mamíferos se tocan nariz con nariz.

Vicente Barraza

- TVN

Lunes 9 de febrero de 2026

Un gesto que en los humanos suele asociarse al afecto, conocido popularmente como “beso esquimal”, es en realidad una conducta mucho más extendida y compleja en el reino animal. Un reciente estudio científico revisó evidencia acumulada durante décadas para explicar por qué numerosos mamíferos se tocan nariz con nariz, una conducta común, pero poco estudiada desde la etología.

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La investigación, que combinó literatura científica con observaciones de campo, analizó este comportamiento en especies con distintos niveles de organización social, desde mamíferos solitarios hasta eusociales, revelando que este contacto cumple funciones químicas, sociales y reproductivas, dependiendo del contexto ecológico y social de cada especie.

Más que un gesto: intercambio de información química

Uno de los principales hallazgos del estudio es que el contacto nariz con nariz permite un intercambio de señales quimiosensoriales. A través del olfato, los animales pueden evaluar información clave de otros individuos, como su estado de salud, condición reproductiva, identidad e incluso niveles de estrés. Según el análisis, este tipo de contacto facilita el acceso a compuestos químicos procesados por el sistema vomeronasal, una vía sensorial especialmente importante en muchos mamíferos.

Cohesión social y reducción de conflictos

En especies sociales, el contacto nariz con nariz adquiere un rol claramente afiliativo. Los investigadores destacan que este comportamiento puede fortalecer la cohesión grupal, reducir conductas agresivas y actuar como una forma de saludo o reconocimiento entre individuos.

Este efecto se ha documentado, por ejemplo, en murciélagos, cerdos y ratas, donde el contacto cercano se asocia a interacciones cooperativas y a una disminución del comportamiento agonístico, es decir, relacionado con la confrontación.

¿Qué animales practican el contacto nariz con nariz?

El estudio recopiló evidencia en diversas especies:

  • Gatos: se interpreta como un saludo afiliativo entre individuos familiarizados.
  • Perros: es menos frecuente y suele ocurrir cuando uno ha encontrado alimento.
  • Erizos europeos: mamíferos solitarios que se olfatean nariz con nariz para procesar señales químicas, quedando inmóviles durante varios segundos tras el contacto.
  • Murciélagos: en especies como Tadarida brasiliensis y Myotis bechsteinii, el contacto se acompaña de vocalizaciones y asicalamiento, reforzando vínculos sociales.
  • Castor euroasiático: podría estar relacionado tanto con el reconocimiento como con el vínculo entre parejas, crías o hermanos.
  • Cerdos: realizan olfateo social frecuente, asociado al reconocimiento y a conductas afiliativas.
  • Ratas: se cree que el contacto nariz con nariz es un paso previo a otras formas de comunicación táctil.

Un caso extremo: control reproductivo en ratas topo desnudas

El ejemplo más llamativo corresponde a la rata topo desnuda, un mamífero eusocial que vive en grandes colonias subterráneas. En esta especie, el contacto nariz con nariz forma parte de un comportamiento denominado shoving (empujón), utilizado por la hembra reproductora para mantener el control reproductivo del grupo. Según los autores, este contacto cumple una función de dominancia y supresión reproductiva, combinando señales físicas y químicas que refuerzan la jerarquía social.

Una conducta versátil y poco explorada

La revisión concluye que, aunque el gesto físico es similar entre especies, su significado evolutivo cambia según la estructura social y el entorno. En algunos casos, implica incluso un alto riesgo, ya que los individuos quedan momentáneamente vulnerables tras el contacto, lo que sugiere que el beneficio informativo es lo suficientemente valioso como para compensarlo.

Los autores subrayan que existe una importante laguna científica en el estudio de esta forma de comunicación no vocal y proponen que futuras investigaciones combinen observaciones conductuales, análisis químicos y estudios neurofisiológicos para comprender mejor qué información se transmite en estos encuentros tan breves como reveladores.