Perros que juegan en el parque, aves que se deslizan por la nieve o delfines que saltan junto a embarcaciones: para muchas personas, la alegría en los animales parece evidente. Sin embargo, durante décadas, la ciencia ha sido cautelosa, cuando no escéptica, frente a la idea de estudiar las emociones positivas en especies no humanas.
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Hoy, esa mirada comienza a cambiar. Un grupo internacional de investigadores está impulsando un ambicioso proyecto para identificar, provocar y medir la alegría en animales mediante indicadores observables y biológicos, una iniciativa conocida informalmente como el “joy-o-meter”.

De la conducta al bienestar emocional
Históricamente, la psicología científica se enfocó en conductas medibles y evitó conceptos considerados subjetivos, como la felicidad. Esto permitió grandes avances en el estudio del dolor, el miedo y el estrés, pero dejó en segundo plano las emociones positivas.
En parte, el sufrimiento es más fácil de detectar y cuantificar que la satisfacción o el disfrute. Reacciones como el congelamiento por miedo o el aumento del cortisol son más evidentes que señales sutiles de bienestar. No obstante, figuras como Charles Darwin ya sostenían que los animales experimentan placer y dolor de forma comparable a los humanos, una intuición que hoy comienza a validarse con nuevas metodologías.
El desafío de medir la alegría
El proyecto, financiado por la Templeton World Charity Foundation, reúne a científicos de distintas disciplinas que estudian primates, delfines y aves, entre otras especies. Su objetivo es identificar eventos específicos que desencadenen una emoción positiva intensa y breve, una definición operativa de alegría; y medir la respuesta animal de forma rigurosa. Entre las señales estudiadas se incluyen:
- Vocalizaciones asociadas a juego o sorpresa positiva
- Conductas sociales, como abrazos, juegos o interacciones cooperativas
- Cambios fisiológicos, como variaciones hormonales o de temperatura corporal
El mayor reto es no caer en el antropomorfismo, asegurando de no estar proyectando emociones humanas donde no existen. A continuación te dejamos lo que se ha descubierto hasta ahora:
1.- Bonobos, risas y optimismo
En el caso de los bonobos y chimpancés, se han documentado sonidos similares a la risa humana durante el juego y la reconciliación social. En uno de los experimentos más reveladores, bonobos expuestos a sonidos de risa juvenil mostraron conductas más optimistas, acercándose a estímulos ambiguos con mayor frecuencia. Estos resultados sugieren que la risa podría generar un estado emocional positivo, comparable en términos funcionales al que experimentan los humanos.
2.- Loros, nieve y placer
Las investigaciones también incluyen a los kea, una especie de loro altamente inteligente de Nueva Zelanda. Observaciones de campo y experimentos controlados muestran que estos animales juegan más y vocalizan con mayor frecuencia en días soleados y con nieve, un patrón consistente con estados de afecto positivo. En entornos controlados, los científicos midieron hormonas asociadas al estrés y al vínculo social para evaluar si el juego con nieve o sorpresas alimentarias generaba cambios fisiológicos coherentes con la alegría.

3.- Delfines y sonidos de recompensa
En los delfines, los investigadores analizan vocalizaciones conocidas como “victory squeals”, emitidas tras completar tareas o recibir recompensas inesperadas. Estas señales se asocian a la liberación de dopamina y podrían funcionar como un indicador objetivo de experiencias positivas. Además, los sonidos parecen tener una función social, intensificándose cuando otros delfines o humanos comparten el momento.
Más allá de la curiosidad científica
Comprender cómo los animales expresan la alegría no es sólo una pregunta filosófica. Tiene implicancias directas para el bienestar animal, especialmente en zoológicos, acuarios y centros de conservación, donde diseñar entornos que promuevan experiencias positivas puede mejorar significativamente la calidad de vida.