La relación entre ciencia, imaginación y creatividad fue el eje central de la charla del bioquímico Ramón Latorre, titulada “Ciencia, sueños y arte”, presentada en Puerto de Ideas Antofagasta 2026. En una exposición que cruzó historia, filosofía y biología, el Premio Nacional de Ciencias Naturales planteó una idea clave: el acto creativo es sólo uno, ya sea en la ciencia, el arte o cualquier disciplina humana.
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El cerebro humano: clave en la creatividad
Latorre inició su charla reflexionando sobre la evolución del cerebro humano. Explicó que, en relación con el peso corporal, el cerebro es uno de los órganos más desarrollados, aunque su tamaño ha experimentado ligeras variaciones en los últimos miles de años. También destacó que es el órgano que más energía consume en el cuerpo, lo que plantea una pregunta fundamental: ¿por qué evolucionó de esta forma?

Entre las respuestas, mencionó hitos como el dominio del fuego, que permitió cocinar alimentos, reducir el tiempo dedicado a comer, en comparación con otros primates; y liberar tiempo para el desarrollo cognitivo. A esto se suma la capacidad única del ser humano para crear conceptos abstractos, como el lenguaje o incluso construcciones sociales como el dinero.
Los sueños como motor del conocimiento
Uno de los puntos más llamativos fue el rol de los sueños en la ciencia. Latorre recordó que, a lo largo de la historia, múltiples descubrimientos han estado vinculados a procesos oníricos. Entre los ejemplos más conocidos:
- Friedrich August Kekulé, quien imaginó la estructura del benceno tras soñar con una serpiente que se mordía la cola (uroboros).
- Dmitri Mendeléyev, quien visualizó la organización de la tabla periódica en un sueño.
- Otto Loewi, Premio Nobel que descubrió la transmisión química del sistema nervioso tras una experiencia similar.
Estos casos reflejan que la creatividad científica no es un proceso exclusivamente racional, sino que también involucra intuición, imaginación y experiencias subconscientes.
El azar y la preparación en la ciencia
Latorre también abordó el rol del azar en los descubrimientos, destacando casos como el de Alexander Fleming y el hallazgo de la penicilina. Sin embargo, enfatizó que la “suerte” no es suficiente por sí sola y recordó una celebre frase: “La suerte favorece a las mentes preparadas”, una idea que resume cómo el conocimiento acumulado permite reconocer oportunidades cuando aparecen.
Explorar lo invisible: del telescopio al microscopio
Otro eje de la charla fue la expansión del conocimiento a través de instrumentos científicos. Desde el telescopio de Galileo Galilei hasta los microscopios modernos, la ciencia ha permitido descubrir universos invisibles, tanto en lo más grande, como las galaxias, como en lo más pequeño, como las células. En ambos casos, Latorre destacó un elemento común: la belleza.
El cerebro y las ilusiones: cómo construimos la realidad
El bioquímico también explicó cómo el cerebro interpreta la realidad a partir de patrones. Las células de la corteza visual, por ejemplo, responden a bordes y líneas, lo que influye en cómo percibimos imágenes. Este fenómeno se manifiesta en ilusiones ópticas como el triángulo de Kanizsa o el efecto Moiré. Esto demuestra que la percepción no es una copia exacta del mundo, sino una construcción del cerebro.

Una ciencia que se corrige a sí misma
A diferencia de otros ámbitos, Latorre destacó que la ciencia tiene la capacidad de corregirse constantemente. Ejemplificó esto con debates históricos como el rol del cerebro versus el corazón en las emociones, donde Galeno corrigió ideas previas de Aristóteles, o el caso de los cuasicristales, que desafiaron teorías establecidas. Hacia el cierre, Latorre dejó dos principios clave para el pensamiento científico:
- No aceptar el principio de autoridad sin evidencia.
- Observar la naturaleza y basar el conocimiento en el método experimental.
La charla concluyó con una reflexión inspirada en la artista Remedios Varo, reforzando la conexión entre ciencia y arte como expresiones de un mismo impulso creativo.