Una investigación pionera del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile reveló que los residuos del calafate, como cáscaras, semillas y fibra, subproductos que normalmente se descartan, concentran compuestos antioxidantes altamente bioactivos, con un efecto protector a nivel celular hasta mil veces mayor que los extractos tradicionales del fruto.
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El hallazgo abre nuevas oportunidades para el desarrollo de alimentos funcionales, ingredientes nutracéuticos y modelos productivos basados en economía circular, valorizando la biodiversidad nativa de la Patagonia chilena.

Calafate: un fruto subestimado en su totalidad
El calafate (Berberis microphylla) es un fruto endémico de la Patagonia reconocido por su alto contenido de antioxidantes, vitaminas y minerales. Sin embargo, en los procesos agroindustriales una parte significativa del fruto, especialmente la fibra vegetal, se transforma en residuo, perdiendo valor nutricional y económico. Frente a este escenario, el equipo del INTA se propuso estudiar una fracción poco explorada: los compuestos fenólicos insolubles, polifenoles que permanecen químicamente unidos a la fibra y que no se absorben en el intestino delgado.
Antioxidantes que actúan donde más se necesitan
El estudio, publicado en la revista científica Food Research International, demostró que estos polifenoles insoluble-bound llegan prácticamente intactos al colon, donde pueden ser liberados o transformados por la microbiota intestinal, ejerciendo efectos antioxidantes locales mucho más potentes.
“Los polifenoles unidos a la fibra han sido históricamente subestimados. Sin embargo, esa misma característica es la que les permite ejercer un efecto biológico más relevante en el intestino”, explica Alina Concepción Álvarez, investigadora del estudio.
Usando un modelo de células intestinales humanas (Caco-2), el equipo comprobó que se necesitó hasta mil veces menos cantidad de esta fracción insoluble para lograr una protección celular igual o superior frente al estrés oxidativo, en comparación con los extractos solubles tradicionales.
Implicancias para alimentos funcionales y salud intestinal
Los resultados confirman que la funcionalidad de un alimento no depende únicamente de cuántos antioxidantes contiene, sino de cómo estos interactúan con la matriz alimentaria, especialmente con la fibra.
“Nuestros hallazgos permiten pensar en ingredientes donde la fibra no es solo un vehículo, sino parte activa del efecto antioxidante”, destacan los investigadores, subrayando su potencial en salud intestinal, metabólica y prevención de enfermedades crónicas.
Economía circular y nuevos modelos productivos
Más allá del impacto en salud, el estudio refuerza el potencial de los residuos agroindustriales como insumos de alto valor agregado. “Chile genera grandes volúmenes de subproductos frutícolas que hoy no se aprovechan. Valorizarlos permite reducir desechos, crear nuevas cadenas productivas y avanzar hacia una economía circular basada en biodiversidad local”, señalan desde el INTA.

El académico Adriano Costa de Camargo advierte que los principales desafíos ahora son regulatorios y de política pública, para que estos avances científicos puedan traducirse en aplicaciones concretas.
Una nueva forma de entender lo que comemos
El equipo enfatiza que este trabajo invita a replantear cómo se evalúa la calidad nutricional de los alimentos. “Demostramos que la fracción que normalmente se descarta puede ser la más activa y relevante para la salud intestinal”, concluyen. Se trata del primer estudio que evidencia este efecto en el calafate, abriendo una nueva línea de investigación en alimentos funcionales y sostenibilidad.