Durante décadas, la caza comercial llevó a las ballenas jorobadas al borde de la extinción. Hoy, una población del norte de Canadá ofrece una poderosa señal de esperanza: gracias al aprendizaje social, estas ballenas han desarrollado una sofisticada técnica de caza que ha sido clave para su recuperación.
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Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B reveló que una población de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) del sistema de fiordos de Kitimat, en la Columbia Británica, ha logrado aumentar su número entre un 6 y 8% anual, superando actualmente los 500 individuos. La clave: una técnica cooperativa conocida como bubble net feeding o “red de burbujas”.

¿Qué es la caza con red de burbujas?
Se trata de una estrategia de alimentación altamente coordinada. Varias ballenas nadan en círculos bajo un banco de peces mientras expulsan aire por sus espiráculos, formando una barrera de burbujas que atrapa a las presas. Luego, emergen juntas desde el fondo y se alimentan. En el sistema de fiordos de Kitimat, grupos de hasta 16 ballenas ejecutan esta maniobra con roles definidos: algunas producen burbujas, otras vocalizan y otras lideran el ataque final.
“Es una de las cosas más impresionantes que he visto en mi vida”, explica Éadin O’Mahony, ecóloga marina de la Universidad de St. Andrews y autora principal del estudio.
Aprender observando: la clave de su recuperación
Durante más de 20 años, científicos y miembros de la Nación Gitga’at, pueblo indígena de la zona, han monitoreado a esta población. A partir de 7.500 fotografías, los investigadores reconstruyeron las relaciones sociales entre individuos y analizaron cómo se difundía la técnica de caza. El resultado fue claro: la técnica se transmite socialmente, desde ballenas más experimentadas hacia otras.
“Los datos muestran que ciertos individuos actúan como verdaderos maestros”, explica O’Mahony. “No es una conducta que cada ballena invente sola”.
Adaptación en tiempos de cambio climático
El estudio también observó un aumento en el uso de esta técnica entre 2014 y 2016, coincidiendo con una intensa ola de calor en el Pacífico Norte que redujo la disponibilidad de alimento. Gracias a la caza cooperativa, las ballenas lograron diversificar su dieta y adaptarse a un entorno cambiante, algo clave en un escenario de crisis climática. Según la científica Vanessa Pirotta, de la Universidad Macquarie (Australia), este comportamiento demuestra que:
“Las ballenas necesitan ser flexibles para sobrevivir, y el aprendizaje social es una herramienta crucial”.
Un conocimiento que también puede perderse
El estudio advierte que si una ballena experta muere, por ejemplo, por colisión con embarcaciones; se pierde también una fuente de conocimiento vital para el grupo. Por eso, los investigadores subrayan la importancia de proteger zonas donde estas conductas se transmiten, como el sistema de fiordos de Kitimat.

Conservación y saber ancestral
La investigación se realizó en estrecha colaboración con el pueblo Gitga’at, que ha cuidado estos ecosistemas durante miles de años.
“Para nosotros todo se basa en el łoomsk: el respeto”, explica Nicole Robinson, investigadora indígena y coautora del estudio. “Respeto por el mar, por los animales, por los ancianos y por quienes vendrán”.