Congreso Futuro 2026, la principal plataforma de divulgación científica y reflexión interdisciplinaria de Latinoamérica, volvió a reunir a voces clave de la ciencia, la tecnología y la sociedad para debatir sobre los desafíos de nuestro tiempo. Bajo la pregunta “Humanidad, ¿hacia dónde vamos?”, el encuentro puso el foco en el impacto de las transformaciones tecnológicas y en las decisiones que estamos tomando como sociedad.
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En ese contexto, una de las presentaciones más potentes fue la de Carolina García Berguecio, ingeniera civil industrial, líder en sostenibilidad y Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), fundadora de la Fundación Comunidad Inclusiva y activista por la discapacidad. Su intervención llevó por título “Derribar barreras para una humanidad inclusiva”, y abordó un tema urgente: cómo la inteligencia artificial (IA) puede transformarse, sin intención, en una nueva forma de exclusión.

“No son muros físicos, son barreras invisibles”
Desde el inicio de su exposición, García planteó que hoy muchas decisiones relevantes para la vida cotidiana ya no las toman personas, sino sistemas automatizados.
“Hoy quiero invitarlos a derribar barreras. No son muros físicos, son barreras invisibles que se construyen cuando decisiones importantes se toman sin mirarnos a las personas con discapacidad. (…) Las decisiones ya no las toma una persona, las toma un sistema, un algoritmo (…) que sin querer puede transformar la eficiencia en exclusión”.
La ingeniera explicó que estas barreras no siempre son evidentes, pero afectan directamente el acceso a derechos básicos como el trabajo, la banca, la educación o la salud.
Una experiencia personal que marcó su mirada
García compartió un momento clave de su vida: el accidente que en 2006 le provocó una lesión medular y la dejó con discapacidad física.
“Los médicos me dijeron: ‘Carolina, tuviste una lesión medular cervical, perdiste tus cuatro extremidades’. (…) Fue lo primero que perdí, pero lo segundo y que no esperaba era perder un lugar en el mundo”.
Relató que, mientras se reinventaba, el sistema la clasificó como “menos productiva” y la excluyó. Años después, gracias a la ley de inclusión laboral, logró reinsertarse en la industria minera, donde hoy trabaja y lidera iniciativas de inclusión en BHP Minerals Americas.
La inteligencia artificial y la exclusión estructural
Uno de los ejes centrales de su presentación fue el riesgo de que la IA reproduzca sesgos históricos si no incorpora datos diversos desde su diseño.
“La inteligencia artificial suena maravillosa: más eficiencia, más rapidez, más datos. Pero ¿qué pasa cuando no nos incluyen a las personas con discapacidad? Puede ser una tremenda herramienta de exclusión”.
García destacó que 1.300 millones de personas mayores de 18 años viven con algún tipo de discapacidad, es decir, una de cada seis personas en el mundo. Sin embargo, este grupo sigue estando subrepresentado en los datos con los que se entrenan muchos sistemas de IA.
También subrayó cifras críticas:
- Entre 70% y 80% de las personas con discapacidad en Latinoamérica no tienen empleo.
- El 94% de las aplicaciones no son accesibles para personas con discapacidad visual, auditiva, intelectual o neurodivergente.
“La IA no sabe que está evaluando a una persona con discapacidad, sino que solamente ve un error y lo descarta”.

Tres barreras del presente que marcarán el futuro
Durante su intervención, García identificó tres grandes barreras que se están consolidando:
1. Normalidad impuesta
Los algoritmos tienden a privilegiar patrones considerados “normales”, dejando fuera a quienes se salen de ese estándar.
2. Sesgo automatizado
“Entrenamos a la IA con los sesgos del pasado”, explicó, señalando que si los datos históricos excluyen a personas con discapacidad, los sistemas replicarán esa exclusión.
3. Desconexión humana
Cada vez más trámites, entrevistas y evaluaciones pasan por pantallas y sistemas automáticos.
“No es que alguien te diga ‘no sirves’, sino que simplemente te llega un correo que dice: ‘muchas gracias por participar’”.
Cuando la tecnología sí puede incluir
Lejos de una mirada pesimista, la expositora mostró ejemplos de cómo la tecnología inclusiva puede transformar realidades cuando se diseña con las personas con discapacidad desde el inicio: interfaces accesibles, prótesis impresas en 3D, sistemas de comunicación asistida y experiencias inmersivas que permiten “volver” a espacios antes inaccesibles.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando relató su experiencia recorriendo una mina mediante realidad virtual:
“Por primera vez en mucho tiempo tuve la oportunidad de recorrer una mina como si estuviera ahí mismo. (…) Cuando se desarrolla de manera correcta, eficiente y con una mirada inclusiva, la tecnología puede abrir enormes posibilidades para las personas”.
Un llamado a diseñar con, y no para
Hacia el cierre, García dejó un mensaje claro: la inclusión no puede ser un ajuste posterior, sino una condición de origen.
“¿Vamos a diseñar para las personas con discapacidad o con las personas con discapacidad? Tienen que incluirnos desde el principio”.
Y concluyó con una reflexión que marcó a la audiencia:
“El futuro no va a ser neutro: o será más excluyente y concentrado, o será más accesible y humano. Y eso no lo va a decidir una máquina. Tenemos la oportunidad de decidirlo entre todos”.