Un equipo científico liderado por la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) logró un hallazgo relevante para la conservación marina: tras casi dos décadas sin registros, identificaron al coral solitario de Wellington (Rhizopsammia wellingtoni), especie endémica de las islas Galápagos y catalogada en peligro crítico de extinción.
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El descubrimiento fue realizado por investigadores de la UC, la Universidad de Florida y la Fundación Charles Darwin durante exploraciones en arrecifes mesofóticos, ecosistemas ubicados entre 30 y 150 metros de profundidad, reforzando la hipótesis de que estas zonas profundas pueden actuar como refugios climáticos para especies vulnerables.

Un hallazgo tras casi 20 años
El coral fue encontrado durante una expedición en 2024 a profundidades superiores a los 50 metros, donde la temperatura del agua se mantiene bajo los 17 °C.
“Estábamos buceando a 62 metros y encontramos este coral. Lo vi muy diferente… rápidamente nos dimos cuenta de que era una especie particular”, relató Alejandro Pérez Matus, académico UC y director del Núcleo Milenio NUTME.
La especie no se documentaba desde 2006 y sus poblaciones habían disminuido drásticamente entre 1976 y 1999, período marcado por intensos eventos de El Niño.
El estudiante doctoral Vladimir Garmendia destacó el momento del hallazgo: “El primero que dijo ‘este es el coralRhizopsammia que se creía extinto’ fue el profesor Jon Witman. Fue perfecto”. Durante la expedición, el equipo muestreó 12 sitios en Galápagos y detectó colonias en tres de ellos.
Arrecifes mesofóticos: refugios frente al cambio climático
El estudio aporta evidencia clave sobre el rol de los arrecifes mesofóticos como zonas de refugio. Estas áreas presentan:
- menor variabilidad térmica
- menor impacto de marejadas
- condiciones ambientales más estables

Según Pérez Matus: “La presencia de este coral resalta la importancia de los arrecifes semi profundos… permite que especies amenazadas persistan”. Los investigadores plantean que el desplazamiento hacia mayores profundidades podría ser una respuesta adaptativa al calentamiento oceánico y a disturbios en zonas someras.
Brecha en la protección de estos ecosistemas
Pese a su importancia ecológica, los científicos advierten un vacío en la conservación. Actualmente, muchas figuras de protección marina no consideran explícitamente profundidades mayores a 30 metros, lo que deja expuestos estos hábitats.
“Es importante emplear estrategias de monitoreo y conservación”, subrayó Pérez Matus.
Evidencia también en Chile
Las investigaciones del NUTME muestran patrones similares en la costa chilena. En lugares como Chañaral de Aceituno, el equipo ha observado que:
- aumenta la biomasa de peces de roca
- crece la diversidad en zonas profundas
- disminuye la presión de pesca
Garmendia explica: “Los peces afectados por la pesca dejan de ser presa fácil a los 40 o 60 metros”.
Tecnología para explorar lo desconocido
Desde su creación en 2019, el Núcleo Milenio NUTME ha impulsado un programa pionero para estudiar estos ecosistemas mediante:
- buceo técnico con rebreathers
- ARMS (estructuras autónomas de monitoreo)
- BRUVs (cámaras remotas con carnada)
Estas herramientas permiten acceder a zonas históricamente poco exploradas debido a su dificultad técnica y alto costo.
“Estamos expandiendo nuestra comprensión ecológica de los arrecifes con este tipo de investigaciones”, destacó Garmendia.
Un ecosistema aún poco conocido
Los arrecifes mesofóticos siguen siendo una de las fronteras menos estudiadas del océano. Su difícil acceso ha limitado la investigación, pero también abre nuevas oportunidades científicas. Para el equipo UC, el redescubrimiento del coral solitario de Wellington no sólo devuelve esperanza a la especie, sino que refuerza la urgencia de incorporar las zonas profundas en las estrategias de conservación marina.