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Ciencia

Estudio realizado con ADN antiguo de semillas de uva permite reconstruir 4.000 años de viticultura

Un estudio publicado en Nature Communications analizó el ADN de semillas de uva y reconstruyó 4.000 años de viticultura en Francia.

Dos copas de vino.

Vicente Barraza

- TVN

Jueves 26 de marzo de 2026

Un equipo internacional de científicos logró reconstruir más de 4.000 años de historia de la vid en Francia gracias al análisis de ADN antiguo de semillas de uva, revelando cómo evolucionó la viticultura desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media. El estudio, publicado en la revista Nature Communications, entrega nuevas claves sobre la relación entre humanos y la vid, mostrando la coexistencia de variedades silvestres y domesticadas, así como el uso temprano de técnicas que aún definen la producción de vino en la actualidad.

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El ADN que reconstruye la historia del vino

La investigación analizó decenas de semillas arqueológicas, conocidas como pips, recuperadas en distintos sitios de Francia, con una antigüedad de hasta 4.000 años. A través de técnicas de secuenciación genética, los científicos lograron rastrear la evolución de la viticultura en Europa occidental, detectando que ya en la Edad del Hierro (entre 625 y 500 a.C.) existían vides domesticadas que convivían con especies silvestres. Este hallazgo permite entender cómo se fue configurando el cultivo de la vid en una etapa clave de la historia europea.

Variedades de uva que no han cambiado en siglos

Uno de los resultados más relevantes es que las vides cultivadas en la antigüedad no eran completamente homogéneas. El estudio muestra que las variedades domesticadas en Francia incorporaron aportes genéticos de distintas regiones, incluyendo linajes provenientes del Levante, el Cáucaso y otras zonas de Europa. Esto sugiere que la viticultura temprana no fue un proceso aislado, sino que se desarrolló mediante intercambios y mezclas genéticas a lo largo del tiempo, especialmente durante períodos como la expansión romana.

Uno de los hallazgos más llamativos es la evidencia del uso temprano de la propagación vegetativa, es decir, la reproducción de plantas mediante esquejes en lugar de semillas. Los investigadores identificaron grupos de plantas genéticamente idénticas (clones) que se extendieron durante siglos y en distintas regiones, lo que confirma que esta técnica ya era utilizada al menos desde la Edad del Hierro. Este sistema permitió preservar características específicas de las uvas, como su sabor o resistencia, sentando las bases de la viticultura moderna.

Pinot Noir: una variedad que atraviesa siglos

El estudio también detectó un caso excepcional: una semilla encontrada en un sitio medieval en Francia resultó ser genéticamente idéntica al Pinot Noir actual. Este hallazgo demuestra que algunas variedades de uva han sido conservadas durante al menos 600 años, gracias a la reproducción clonal. A diferencia de otros cultivos que han cambiado significativamente con el tiempo, la vid muestra una notable continuidad genética, lo que explica la persistencia de ciertas cepas en la producción actual de vino.

Un legado que llega hasta hoy

Más que revelar el origen del vino, el estudio permite comprender cómo se consolidó la viticultura en Europa, mostrando el rol de la selección humana, la movilidad de especies y la innovación agrícola. Los resultados también abren nuevas posibilidades para estudiar la evolución de cultivos y mejorar la comprensión de la biodiversidad agrícola.