Un equipo internacional de astrónomos logró obtener la evidencia más sólida hasta ahora de la existencia de campos magnéticos en exoplanetas, un hallazgo que podría cambiar la forma en que entendemos la evolución y habitabilidad de los mundos fuera del Sistema Solar. La investigación, publicada en la revista Nature Astronomy, utilizó observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en el desierto de Atacama, junto con el telescopio Gemini North en Hawái.
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Aunque el objetivo inicial era estudiar los vientos atmosféricos de siete exoplanetas gigantes extremadamente calientes, los resultados revelaron algo inesperado: los movimientos del aire parecían estar siendo frenados por campos magnéticos planetarios. "Este avance abre una ventana completamente nueva para la investigación de exoplanetas. Es la primera vez que podemos comparar los entornos magnéticos de otros mundos", señaló Julia Seidel, investigadora del Laboratorio Lagrange en Francia y autora principal del estudio.

Vientos de hasta 25 mil kilómetros por hora
Los científicos analizaron siete gigantes gaseosos similares a Júpiter que orbitan muy cerca de sus estrellas. Estos mundos presentan una particularidad: siempre muestran la misma cara a su estrella anfitriona, de manera similar a cómo la Luna muestra siempre la misma cara a la Tierra. Esta configuración genera diferencias extremas de temperatura entre el lado iluminado y el lado nocturno, provocando algunos de los climas más violentos conocidos.
Las mediciones revelaron vientos que alcanzan entre 7.200 y más de 25.000 kilómetros por hora, velocidades muy superiores a las registradas en Júpiter, donde los vientos más rápidos rondan los 1.500 kilómetros por hora. Sin embargo, los investigadores detectaron una tendencia inesperada: cuanto más caliente era el planeta, más lentos parecían ser sus vientos.
"Esto es totalmente contraintuitivo. Los planetas más calientes tienen más energía disponible para acelerar sus atmósferas. Debe existir algún mecanismo que esté frenando esos vientos", explicó Vivien Parmentier, coautor del estudio.
La pista que llevó a descubrir campos magnéticos
Tras analizar distintos escenarios, el equipo concluyó que la explicación más consistente era la presencia de campos magnéticos planetarios. Estos campos interactúan con partículas cargadas presentes en la atmósfera y pueden actuar como un freno natural, reduciendo la velocidad de los vientos. Gracias a este efecto, los investigadores pudieron estimar indirectamente la intensidad de los campos magnéticos de los siete exoplanetas estudiados.
Los resultados indican que poseen campos magnéticos comparables a los observados en los gigantes gaseosos de nuestro Sistema Solar: aproximadamente cuatro veces más intensos que los de Saturno y cerca de la mitad de la intensidad del campo magnético de Júpiter. Se trata de la primera medición robusta de magnetismo obtenida para planetas fuera del Sistema Solar.
Una pieza clave para entender la habitabilidad planetaria
Los campos magnéticos desempeñan un papel fundamental en la protección de las atmósferas planetarias. En la Tierra, el campo magnético desvía partículas energéticas provenientes del Sol y ayuda a preservar la atmósfera, además de generar fenómenos como las auroras boreales y australes. Por ello, comprender la presencia y fuerza de estos campos en otros mundos es considerado un paso clave para evaluar su potencial habitabilidad.

Auroras gigantes en mundos lejanos
Además de proteger sus atmósferas, estos poderosos campos magnéticos podrían producir espectáculos luminosos mucho más intensos que los observados en la Tierra. "Me gusta imaginar que algunos de estos mundos tienen cielos llenos de inmensas cortinas de luz de colores que bailan sobre un planeta que vive entre un día eterno y una noche interminable", comentó Bibiana Prinoth, coautora del estudio y astrónoma de ESO.
Los científicos esperan que el futuro Extremely Large Telescope (ELT), actualmente en construcción en el norte de Chile, permita estudiar exoplanetas más pequeños y similares a la Tierra, e incluso detectar señales asociadas a auroras en estos mundos distantes. El descubrimiento abre una nueva etapa en la exploración de exoplanetas y entrega una herramienta inédita para investigar las condiciones físicas que podrían favorecer la existencia de ambientes aptos para la vida más allá del Sistema Solar.