Los Geoglifos de Pintados, ubicados en la Región de Tarapacá, no son sólo figuras dibujadas sobre cerros del desierto. Son parte de un complejo sistema de rutas, campamentos, ofrendas y símbolos que revela cómo antiguas comunidades andinas atravesaron el desierto de Atacama para conectar la precordillera, los oasis y la costa.
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Ese fue uno de los ejes centrales del diálogo sobre este sitio arqueológico realizado en Puerto de Ideas Antofagasta, donde el Premio Nacional de Historia, Lautaro Núñez; la socióloga Wendoline Yáñez y el arqueólogo Calogero Santoro abordaron su valor científico, patrimonial y cultural, en medio del proceso que busca llevar al complejo hacia una futura declaratoria como Patrimonio Mundial de la UNESCO. El sitio se encuentra en la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal, en la comuna de Pozo Almonte, y reúne cerca de 60 paneles con más de 500 figuras creadas por culturas prehispánicas entre los años 700 y 1500 d.C.

Geoglifos y rutas caravaneras
Durante años, los geoglifos fueron observados principalmente como imágenes aisladas. Sin embargo, nuevas investigaciones han permitido entenderlos dentro de un paisaje mucho más amplio: el de las rutas prehispánicas. Los especialistas explicaron que estos trazados conectaban zonas altas, como la laguna de Huasco, con oasis como Pica, el salar de Pintados y la costa. Al pie de los geoglifos pasaban rutas utilizadas por caravanas que cruzaban el desierto con llamas cargadas. La clave está en que los geoglifos no estaban solos: junto a ellos se han identificado campamentos caravaneros, fogones, cerámica, restos orgánicos y huellas de tránsito.
Campamentos frente a los cerros
Uno de los hallazgos más relevantes es la presencia de campamentos asociados a los geoglifos. En estos espacios se han encontrado cenizas, fragmentos de cerámica, restos de alimentos y evidencias de actividades cotidianas. Esto permite interpretar el lugar no sólo como un sitio de paso, sino como un punto donde las caravanas se detenían para descansar, cocinar, trabajar materiales y realizar actos rituales. Los investigadores también han identificado rocas útiles para fabricar herramientas, además de minerales como turquesas y malaquitas, que pudieron ser recolectados para adornos y objetos de valor simbólico.
Ofrendas de maíz, pescado y pacay
Uno de los aspectos más llamativos del sitio es la presencia de fosos de ofrenda. En ellos se han encontrado restos de maíz, espinazos de pescado, plantas y otros elementos que no parecen corresponder a basura doméstica, sino a actos rituales. La interpretación propuesta es que las caravanas transportaban productos entre la costa y los valles: maíz desde los oasis hacia el litoral, y pescado seco desde la costa hacia el interior. Parte de esos restos habría sido depositada frente a los geoglifos como ofrenda o agradecimiento por el tránsito.
Los paneles de Pintados incluyen figuras de llamas, aves, peces, personas, balsas, posibles escenas de pesca y caravaneros. También hay numerosos diseños geométricos, como rombos, círculos y rectángulos. Algunas imágenes pueden identificarse con claridad, pero otras siguen siendo un misterio. Para los investigadores, esto es parte de su complejidad: los geoglifos combinan representaciones reconocibles con símbolos abstractos cuyo significado probablemente era comprendido por quienes los crearon y utilizaron.
El rol de las llamas y la movilidad andina
Las caravanas dependían de una relación estrecha entre humanos y llamas. Estos animales permitieron transportar productos a través de una de las zonas más áridas del planeta, haciendo posible el intercambio entre comunidades de la costa, oasis y tierras altas. En ejercicios de caravana experimental realizados con comunidades aymaras, los investigadores observaron cómo las llamas se movían, descansaban y cargaban en coordinación con los humanos, mostrando una relación de domesticación profunda y altamente eficiente.
Ciencia, memoria y conocimiento local
La investigación arqueológica también ha mostrado la importancia de escuchar a las comunidades actuales. Los relatos sobre conchas usadas como protección, frutos con valor simbólico o prácticas caravaneras transmitidas en familias aymaras entregan claves que la excavación por sí sola no siempre puede explicar. Una de las ideas más potentes del encuentro fue precisamente esa: la ciencia permite reconstruir el pasado, pero no siempre lo explica todo. La arqueología, la etnografía y la memoria oral pueden dialogar para comprender mejor el significado de estos paisajes.

El Complejo Arqueológico Geoglifos de Pintados fue incorporado a la Lista Tentativa de la UNESCO, paso clave para avanzar hacia una eventual declaración como Patrimonio Mundial. Además, se conformó un Comité Científico Internacional para respaldar el proceso. La postulación busca reconocer su valor universal excepcional, es decir, aquello que lo vuelve irremplazable no sólo para Tarapacá o Chile, sino para la memoria de la humanidad.
Un patrimonio frágil y amenazado
Pese a su relevancia, los geoglifos son extremadamente vulnerables. Al estar en un museo a cielo abierto, pueden ser dañados por vehículos, actividades no reguladas o falta de conocimiento sobre su importancia. Casos recientes en otros geoglifos del norte de Chile han mostrado daños irreversibles provocados por motocicletas y vehículos 4x4, lo que refuerza la urgencia de fortalecer la educación patrimonial y la protección efectiva del territorio.
Los Geoglifos de Pintados son mucho más que piedras ordenadas sobre cerros. Son una forma de comunicación, una memoria de movilidad humana, un registro de intercambios y un testimonio de la relación entre comunidades, animales, rutas y desierto. Protegerlos no sólo implica conservar un sitio arqueológico, sino también resguardar una parte profunda de la historia andina y del patrimonio cultural de Chile.